viernes, 3 de agosto de 2012

Callejear



Otra vez la calle como un lugar de encuentro amable que amortigua el sofoco del calor. Así, esta mañana, lo interesante del encuentro con algunas personas ha sido la diversidad de emociones. Cada una ha supuesto ser un mundo, un espacio, donde crecer desde las percepciones más extraordinarias. En fin, callejear esta mañana ha supuesto todo una maravillosa experiencia,  una de esas que merece la pena vivir y que tardas en olvidar por la calidad de las personas con las que te encuentras. Y es que en cada tramo de calle me he encontrado con la Babel reconstruida, es decir, me he topado con esa clase de personas que te animan y te ayudan a salir de la rutina. Me he encontrado con una, especialmente preocupada por ser solidaria y reorganizar un comedor social ( muy a tono con la actual situación de precariedades);  otra, me ha mostrado su interés por  hacer las cosas con más justicia y equilibrio ( no siempre es posible en este país donde abundan los corruptos) y así, con varias personas más. Tengo que reconocer que  he tardad en volver a casa. Un trayecto de diez minutos se ha convertido en una hora, un infinito diría, porque he consentido en todas esas conversaciones que me han hecho crecer por dentro. Además me han ayudado a rehabilitar esa parte de la cara, que desde el viernes, me mantiene en una parálisis facial. Qué paradoja, cuando no puedes casi ni hablar, porque soplas por un lateral, es cuando más gente te encuentras y con cada una te enzarzas en temas a cada cual más interesante…Será esto una lección para seguir creciendo y hacer el ejercicio de callar dos veces y responder una. Es posible. Pienso que nada ocurre por casualidad sino por algún motivo ejemplar. Por tanto, aprenderé la lección y seguro que en este aprender será una experiencia que me preparará para la dificultad siguiente
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto