miércoles, 8 de agosto de 2012

La estupidez toma el Congreso…




En el ambiente se respira un cierto cansancio o al menos esta es mi percepción, a la hora de escuchar siempre lo mismo: que el Gobierno nos sigue ninguneando y aprovecha cualquier ocasión en medio de esta “selva”, donde los mercados o su p.m. son los que dirigen, para lanzar al pueblo dardos envenenados. Y lo peor es que este desastroso panorama nos lleva, más allá del cansancio psicológico, a una especie de anestesia  donde el  aburrimiento toma protagonismo.
¿Qué hacer? ¿No ver la televisión? ¿No oír la radio (la ser)? ¿No hojear el periódico? Creo que no. Hay que estar enterado de todo y mientras más se contraste la noticia mejor. Esto hará que mínimamente podamos atisbar un punto de verdad cierta, en medio de tanta mentira institucional, superando así el atontamiento al que nos quieren llevar los políticos con sus ineptitudes y su forma, cada vez más obsoleta, de un discurso que no convence. Da lo mismo quien hable. Si lo hace el Gobierno no hay escapatoria  ni posibilidad de contestación. Siempre es sí o sí, justificando lo injustificable. Y si habla el partido de la oposición, un tanto de lo mismo en versión contraria, porque son tan lerdos que no hace más que repetir lo evidente, soslayando los vericuetos de las dificultades de un País cada vez más cansado y empobrecido. Los primeros y los segundos hablan de tal manera, recurriendo a  “palabros” y jergas políticas, que al final su “charleta” se convierte  en mensajes cifrados para los que se necesitan tener unas claves.
Últimamente el grado de prepotencia estúpida de los partidos “reinantes” ha superado las cotas normales de la indecencia creyendo que no nos damos cuenta de sus jugadas. Los del PP intentando echar balones fuera y los otros, devolviéndoles la pelota. Esta y otras acciones parecidas hacen que estos “mastuerzos”, que viven de nuestra ingenuidad, se distancien, cada vez más, de los ciudadanos de a pie.
En fin, dentro de estos registros de políticos y políticas adversas lo único que se advierte es que la estupidez ha tomado el Congreso y que pronto, como una enfermedad endémica, tomará la calle. Y si no es así por qué “hay quienes aplauden la insidiosa reforma laboral que precariza los empleos, que expulsa a la clase media del mercado, que anula la esperanza de los más jóvenes[1] y que analfabetizará  a los más pequeños. Más le valdría a estos de la “clap” guardar la energía para “cavar la tumba de esos negocios que le hicieron ricos”.  Concretando, habría que darle la razón a aquel clásico, Aristófanes, cuando dijo que  "la juventud pasa, la inmadurez se supera, la ignorancia se cura con la educación, la embriaguez con la sobriedad, pero la estupidez dura para siempre".


[1] Carlos Gorostiza. “Yoaviso”.
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Tiene Lisboa sonidos de agosto