viernes, 30 de mayo de 2008

LA VOZ

Siento tu voz, tu frágil voz en la puerta
de este día en calma. La primera vez
te sentí en los ojos de mi padre,
en aquella severa y dulce mirada.
Tu voz abrió el sello del misterio
desvelando primaveras.


El azul cobrizo del alba arrulla,
con balbuceo de cielos infinitos,
en el portal de mi casa. Tu voz,
presencia que empapa las entrañas
del ser. Cuánto color en las rendijas
de estas paredes cansadas.

Siento tu voz en el hueco redondo
del recuerdo, eco de fantasía,
desnuda ebullición de mi cuerpo.
La palabra apostada en la seda
de tu piel, vibra en mí, corcel indómito
que se rebela en lo íntimo al revelar
la claridad del encuentro.

Tu voz, fértil rocío de la palabra
que dibuja amores en esta nave
del tiempo, reclama la caricia
de mis manos traduciendo delicada,
la dureza de los gestos.
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