lunes, 24 de mayo de 2010

Fronteras














Hace calor, la brisa está perezosa.
Las horas de la media tarde
han muerto, nadie las llora. Hace calor.

Sigue mirando el paisaje de la calle.

Quiere protestar. No tiene palabras,
sólo silencios. El agua infinita de sus
manos se acerca a su alma. Porque
el alma tiene necesidad de caricias
cuando la distancia marca el límite.

Las fronteras no son buenas, rompen
la audacia del querer. Siempre está ahí,
cuando hace calor y el ruido se calma,
haciendo sentir la orfandad de los abrazos.

La tierra está pronta, ávida de semillas.

Hace calor, la brisa va dejando mensajes
por las persianas. Desmantelada la casa,
la carne busca locuras por los rincones.
Las sombras desbordan las esquinas.

No deja de hacer calor.
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Tiene Lisboa sonidos de agosto