domingo, 22 de julio de 2012

Una anónima finitud del color





La brisa pasa el mensaje a las ramas,
mezcla de susurros y tierra al trazar
un horizonte de árboles
donde el verde deja de ser nube
y la nube se vuelve rito de amapolas.
Y en esta memoria del caos,
el orden soporta el paisaje,
y las orillas del tiempo,
y las derrotas del agua.

La brisa, anónima finitud del color,

señala el sur de los abrazos.

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Tiene Lisboa sonidos de agosto