miércoles, 19 de noviembre de 2008

Los elementos, la soledad y el despojo del poeta.( Parte IIª de “Ser agua”)

Siguiendo con Eugenio de Andrade y rozando algo de su maravilloso mundo, me atrevo a desarrollar un breve análisis de algunos de los elementos más recurrentes que aparecen en su trabajo poético. Para ello tomo como referencia algunos poemas de Materia solar [/color][/i]( 1980). A propósito de esta obra el mismo poeta dirá que “es un título programático”, porque la “[color=blue]Luz, cuerpo, y la escritura” son la “materia solar, la luz penetrando la escritura, mi obsesión”. Este libro contiene cincuenta poemas, con versos directos, llenos de materiales cotidianos, materia solar donde el cuerpo y la luz; el tiempo y la palabra; la vida y el silencio conviven en perfecta armonía.Ángel Crespo en la introducción a Vertientes de la mirada, dirá, que la poesía de Eugenio de Andrade es una “poesía de los elementos y de las cosas elementales, porque elemento quiere decir principio constitutivo –tal vez los únicos decisivos-de la poesía, la escala musical del canto”.Los elementos a los que me refiero en este análisis son precisamente esos elementales simbólicos que constituyen la identidad de este poeta y que, en algunos de sus poemas, giran y se funden con el cuerpo, al mismo tiempo que marcan la identidad o el lugar donde el mismo poeta se pierde.

Así: será como un lugar de aprendizaje; el sol la realidad que moldea y da forma; la soledad la situación, casi tangible, donde el cuerpo se pierde; el despojo el ámbito anímico que es purificación o manera de fundirse en palabras sin adjetivos. Pero veamos cada uno de estos elementos en el contexto de la poética de nuestro autor:

1.- El agua.- En algunos poemas da la impresión que, para nuestro autor, el agua, además de ser el elemento esencial, es símbolo de identidad: Es necesario ser agua, como un lugar donde uno vive y aprende. Este material tan cotidiano del agua parece transportar al poeta a la infancia de la Beira Baixa, a ese lugar de casas encaladas y noches limpias, reflejadas en el agua de los estanques (barragem), un lugar a donde volvía algún que otro verano.
Ser agua es la expresión metafórica que marca la saudade, que es algo más que el recuerdo de esos lugares primeros.Importa subrayar que es el mismo cuerpo quien tiene que aprender a ser agua:
Sea una mano que se vuelve estanque o una boca convertida en mar lleno de luz:
Podría enseñarle a la mano
/ ... a ser agua /
donde, de tanto mirarlas, cayeran las estrellas (1)
/ ... sueño con otra boca.
/ Donde aprenda a ser agua. (4 )

El agua es el elemento vital contextual del ser humano antes de nacer. Volver a ser agua es como volver al principio a la génesis de la inquietud que se traduce en melodía de búsqueda incesante porque “se descubre al descubrirnos.”

Así decía Eugenio de Andrade prologando otro de sus libros Vertientes de la Mirada (1985). En esta breve reflexión él terminará diciendo: “[color=blue]No ha sido fácil: desaprender cuesta más que aprender.¿ Estaré ahora, al menos, más cerca de ese decir que ayuda a otros a hablar?”2.

El sol.-A lo largo de los cincuenta poemas el cuerpo tomará un protagonismo esencial en su relación con el sol y el aire (siempre un sur) impregnado de sentimiento alentejano, una relación íntima con el entorno, realidad que enamora al contemplarla desde el silencio que quema:
Aquí me tienes, connivente con el sol /
en este incendio del cuerpo hasta el final:las manos.../
la boca... (13).

Otra vez las manos y la boca como recurso para volar y permanecer siempre joven.

El sol /
el polvo /
lentísimo del sur.../
el blanco y desnudo /
y tan antiguo /
polvo del sol /
viene a posarse /
en mis ojos.( Recuerdo de las casas encaladas?)

He amado esos lugares /
donde el sol /
secretamente se dejaba acariciar. (18)

Da la impresión que habla de muros encalados, de lugares concretos que, como una pintura, el poeta recrea en los versos. Dónde se puede acariciar el sol si no es sobre los muros blancos de las casas del Alentejo.

Donde pasaron labios, /
donde las manos corrieron inocentes, /
el silencio quema....

3.- La soledad .-En este continuo aprender, Eugenio sitúa el cuerpo en un tiempo, más allá del cronos, donde la soledad y el recuerdo se hacen patentes en su propio madurar . Es la soledad del poeta donde siente perderse; el tiempo del recuerdo ( tempo da saudade) en esos días de Oporto, cuando la madurez y las ocupaciones le van relegando a su casa y distanciándole, cada vez más, de los lugares del sol, de ese Alentejo por el que suspira. En Vertientes de la Mirada dirá que Oporto es sólo determinada manera de refugiarse en la tarde, de cubrirse de silencio .

En un poema de Materia Solar hace una maravillosa descripción de esa madurez adulta que vive en Oporto.

Me he llevado las manos a los ojos para ver/
si aún en ruinas existes todavía;/
he sumergido en el sol todos mis dedos,/
mojados por las aguas fatigadas/
el cuerpo se perdía frente a los días. (30)

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Vivo ahora en los ojos de los niños...
En esta plaza que me recuerda otra/
más antigua, las palomas vienen/
a beber la soledad en mis manos.
Digamos entonces que un brusco aroma/
me trae el sol o una abeja/
o esos ojos donde ahora vivo(33)

En esos lugares /
en esos lugares donde el aire/
/ Hablar de esa luz quemada /
Desierta.¿Qué hacer con esta boca,/
con la mirada/
tan cerca en otro tiempo de ser música?(39)

En el poema 26 dirá también:
¿ Pero cómo hacer durar /
hasta el último instante/ esta boca, este sol?

Reconoce el poeta que el ser humano es lento para ser consciente del paso del tiempo. Así lo expresa:

El cuerpo aprende despacio/
a conocer la tierra.(43)

4.- Despojo.-Al final del poemario los versos se vuelven directos con tonos imperativos como justificación para tomar conciencia del lugar donde vive. Aquí, el cuerpo se funde en palabras sin adjetivos provocando una catarsis, una purificación interna que no es otra acción que la del despojo, entiéndase desprendimiento casi místico: quitar elementos que pesan, subrayando así la fuerza del espíritu interior, espíritu sencillo y limpio. De aquí su actitud de :

salir, abandonar, desprenderse, cambiar.
En realidad estas son expresiones propias del que está en ese proceso de pasar a otro ser más fortalecido y seguro:Ahora sal de escena a tu modo/ abandona ese sol débil/ a las cabras y a los cardos.

Sin ruido, pero sin dudar tampoco/
despréndete de ese deseo/
que blando zozobra sobre la paja.
Necesitas cambiar de mano, de clima; /
o de piel;/
simplemente de letrina. (48)

¿De qué habla el poeta, de un despojarse del tiempo pasado, de esos recuerdos de las tierras del sur?

En estos elementos señalados, con los que el cuerpo aprende a despojarse y a entrar dentro de la sencillez de las cosas, se encuentran las palabras exentas de adjetivos.
El último poema es un interrogante y un elogio a la palabra que las musas han confiado al poeta, palabra que vuelve enriquecida después de haber recorrido los lugares más queridos, haciendo sentir al cuerpo, también, la presencia del lugar donde se habita. Es maravillosa la forma que tiene Eugenio de Andrade de situar vocales y consonantes junto a los colores sugiriendo así sus lugares queridos, Lisboa o el Alentejo:
¿ Qué has hecho de las palabras? /
¿ qué cuentas darás tú de esas vocales /
de un azul tan apaciguado? ( Lisboa)
Y de las consonantes ¿ qué les dirás,/
ardiendo entre el fulgor/
de las naranjas y el sol de los caballos? ( Alentejo)
¿ Qué les dirás tú cuando/
te pregunten por las minúsculas/
semillas que te confiaron? (50)
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