sábado, 29 de noviembre de 2008

Realidad y sentimiento, un diálogo interior (IVª parte de “ Ser agua”)

Por último, en el poemario Blanco en lo blanco(1984) encontramos los perfiles, la identidad del autor. De aquí esta pregunta: ¿Andrade es un hombre del diálogo íntimo o un hombre solo que recurre a las soledades como forma de ser?

En esta obra fundamental, dentro de la creación poética de Eugenio de Andrade, según los críticos se da “una de las mayores autobiografías poéticas de nuestro siglo”. Importa descubrir las claves sobre la realidad que identifica al autor y que, de forma directa, se apuntan en el propio título de la obra: Blanco en lo blanco ( Branco no branco).

El título “Blanco en lo blanco”, es una cita de Bashô (1), en traducción de Octavio Paz ( “Narciso y biombo/ uno al lado del otro ilumina/ blanco en lo blanco”). Eso esclarece la intencionalidad del propio autor sobre una de las líneas con las que él confeccionará su poética: La forma oriental de versificar. Ella está presente en su obra y especialmente en ésta.

Comenta Eugenio de Andrade que “habrá a lo largo del libro citas más sutiles; dejo al lector el placer de descubrirlas. Su postura respecto de la poesía oriental es ineludible. Esta es el Haiku, descubierto por Bashô, la configuración espiritual de un camino2. Será el haiku, de forma no canónica, la manera de versificar que se atisba en algunos de los poemas. Señalamos algunos de ellos: ( Entre paréntesis se indican la numeración de los poemas del libro Branco en lo branco )

Un amigo es a veces el desierto, /
Otras el agua....
Lo real es la palabra (V)

Y va llegando, va llegando a su fin/
la luz de marzo...
Locas, locas de marzo (XII)

Habitaré entonces la mirada desnuda/
fatigada del cuerpo, ese desierto/
repetido en las aguas/
mientras la bruma sobre las hojas

Posa las manos mojadas./
Y la lumbre.( XVI)

No, no es aún la inquieta/
luz de marzo...
no, es sólo una mirada (XX)

A veces se entra en casa con el otoño/
preso de un hilo

Entonces se duerme mejor,/
hasta el silencio acaba por callarse./
Parece que va a nevar (XXXV)

Ahora la mano; que no sabe volar, /
.../
Y no esa nada. (XLVII)

En los 50 poemas que integran este libro se unen a la sensualidad mediterránea, siempre presente en el poeta, con el tono decididamente oriental ya presentido en sus obras anteriores. En ellos se van describiendo, de manera transparente, la realidad y el sentimiento de un hombre situado en el recuerdo constante del sur, el Alentejo, de donde se siente raíz.

Eugenio tuvo siempre abierta la ventana de su casa al sur. Constante brutal es esa remembranza de la niñez, como lugar poético a donde el hombre adulto viaja. Es el mundo blanco del niño donde la cal, el trigo, el agua y el calor del verano están presente.

Es un lugar al sur, un lugar donde /
La cal /
Amotinada desafía la mirada.Donde viviste... (II)

...En el sur,/
los días tienen ojos grandes/
y redondos;
en el sur el trigo ondula,sus crines danzan al viento,/
son la bandera/
desplegada de mi embarcación;
en el sur la tierra huele a lino blanco,/
a pan en la mesa,/
el ardor cobrizo de la luz invade el aguacayendo en el polvo, leve, encendida...(III)

...Soportas mal el aire, dividido/
entre la fidelidad que debesa la tierra de tu madre
y el casi blanco/
azul donde el ave se pierde...( IV)

Todas estas expresiones no llevan a pensar que el poeta está anclado en un eterno presente. Así lo expresa más adelante:

Sólo el caballo, sólo aquellos ojos grandes /
de niño, aquel /
derroche de la seda, me hacen falta....
es esa mirada que noche tras noche llega /
desde muy lejos por alguna trocha,/
y me roba el sueño,
y ni siquiera me exime el corazón.
Mi corazón, alentejo de escarcha ( X)

Hay poemas que están escritos en segunda persona. Esto es una forma de poner de relieve el permanente diálogo del ser interior, como si niño que llevamos dentro sugiriese una forma de ser. Así, parece expresarlo en uno de los poemas cuando describe el paisaje alentejano. Aquí, de forma plástica, da una visión de lo auténtico, expresado en la calidez del aire, y la tierra. Es como un soliloquio donde se repasa todo lo que uno ha sido y añora .

En el “Todo esto eras” del final del poema lo queda claro:

Ya no se ve el trigo,/
La lenta ondulación de los montes.
No se puede decir que fuesen contigo,/
tú tan sólo llevaste ese modo infantil de saltar el muro,/
de llevarte a la boca un puñado de cerezas negras,/
de esconder la sonrisa en el bolsillo
ciertas maneras de silbar a las tórtolas/
o de pedir un vaso de agua,
y dormir hecho un ovillo/
como sólo los gatos duermen.
Todo esto eras tú, sucio de moras. (XIII)

(continuará)
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(1)Matsuo Bashô ( s. XVII), maestro del Haiku Dice Octavio paz: . En uno de sus Haikus, la contemplación estética se resuelve en visión de la unidad de los contrarios. Una experiencia que es percepción simultánea de la identidad de la pluralidad y de su final vacuidad:Narciso y biombo:uno al otro ilumina, blanco en lo blanco.El poeta traza en tres líneas la figura de la iluminación y, como si fuese un copo de algodón, sopla sobre ella y la disipa. La verdadera iluminación, parece decirnos, es la no-iluminación2 Al igual que la obra de Bashô, la de Eugenio de Andrade está desprovista de vanidad; es un encuentro constante con la naturalidad y con la humildad del que usa los versos para avanzar en su propio camino de superación espiritual.
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