lunes, 18 de mayo de 2009

Aprendí a leer versos con los versos de Benedetti.








Esta manaña escuché en las noticias la anunciada muerte de Mario Benedetti. Nunca pensé que llegara tan pronto. Una triste noticia que se amontonaba al hecho de ser lunes de primavera y con frío en la calle. Me gustaría decir tantas cosas que mejor es limitarme a decir mi experiencia con la poesía de este gran poeta.

Aprendí a leer versos en el rostro de los desamparados de la mano de Benedetti. Una amiga me dejó una antología que leí con verdadera pasión. Mario Benedetti fue mi maestro de los sueños durante un tiempo, aprendí a deletrear tantas cosas con aquella primera edición del 84 ( siglo pasado)que Alianza Editorial puso en las manos de los que buscábamos poesía comprometida.

Como disfruté con “aquella esperanza que cabía en un dedal” que nuestro querido poeta nos traía en sus poemas; que bien sabía decir las cosas, situarnos “como siempre en alguna frontera donde todos conspiramos".

Benedetti, Benedetti, qué bien sabías mostrarnos la realidad en ese lado menos amable con amabilidad, sin importarte enseñarnos sus grietas, por que “la verdad, grietas no faltan”. Mario ya estás en ese paraíso del recuerdo “en ese instante” donde “el mundo es apenas un vitral confuso”.

Gracias poeta de poetas, por enseñarme que “en el principio era el verbo y el verbo no era dios eran las palabras frágiles trasparentes y putas”.

Gracias porque tus versos han sido capaz de trabajar la justicia…somos muchos los que te queremos “por tu rostro sincero, y tu paso vagabundo y tu llanto por el mundo…”. Gracias porque defendiste "la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina.”

Gracias por dejarnos con la generosidad de tus versos la herencia de ese emblema antiguo “nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos”.
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