jueves, 28 de mayo de 2009

Las diez y treinta. Variaciones



Hay encuentros y encuentros sobre todo cuando éste es con la musa después de mucho tiempo en sequedad.





Con olor a geranios, bautizando
las diez y treinta, la brisa
calma la sed de la avenida. Una hora
perfecta para amar.

Su voz llegó puntual, atravesando el umbral
del misterio. El encuentro y las miradas
recorrieron, cómplices, la geografía
de los cuerpos. Minutos eternos con sabor
a naranja amarga.

En el borde de la palabra, las manos
dibujando silentes el gesto con olas
de deseo y fronteras. Los labios,
animales que devoraban sentimientos.

Un oasis
entre horas meridianas.El aceite
amortiguó la carne desnuda
que se prendía al azar y al agua,
entregada
al penúltimo minuto.

El café selló los miedos
y el placer abrió la puerta
a todos los encuentros.
En la avenida la brisa
seguía el mágico sorteo
de besos por las aceras.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto