martes, 16 de septiembre de 2014

Sopla el aire de otoño.




Entre silencio y silencio, la memoria juega a traerte
y mientras navega por los vericuetos del alma siento
ganas de gritar y rebelarme. Hace frío, las nubes, 
como moscas inquietas, no dejan que las sombras 
tomen fuerza. 

Ya no hay preguntas, ni cueva de leones, no hay nada.
Te fuiste dejándome herido.Tu imagen, cada vez más
distante, es más dolorosa. Sopla el aire de otoño 
arañando las avenidas. 

Quiero descender a esa bodega interior que me habita,
y beber de los recuerdos hasta emborracharme de ti.
Tu ausencia me empuja a otros lugares que no quiero.
Algunas nubes descargan gotas de barro. 

Tanto es el dolor que se acumula, tanta la decepción
que quisiera enfermar de  indiferencia. Los rincones
y sus silencios me hablan de ti. Te siento volar en mi cuello
y descender por la línea acuosa de mis ojos, impresos
de emociones. Hace frío, las nubes no dejan 
que las sombras  crezcan. 

A veces, me desprecio por seguir lamentando ausencias,
por mendigar amores sin necesidad. El lamento es un duelo
no una rebeldía. Y quiero tan solo rebelarme ante este
puto destino que un día te trajo y otro, por accidente,
te llevó en brazos del miedo. Algunas nubes descargan 
sobre el asfalto caliente.

Nada que hacer tan solo guardar silencio. Renuncio
hasta a la pregunta. Y morir, que en esto hay certeza,
a mis egos intransigentes. Hacer que la locura del tiempo,
sin mezcla de emociones,te permita que llegues a mi puerta
donde siempre me encontrarás con un plato de comida.
Hace frío, las nubes, como moscas inquietas, no dejan 
que las sombras tomen fuerza. 
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