sábado, 7 de junio de 2008

quiebrodelAGUA

Cansado, en las blandas aguas del río
clavó sus pies y tocó el cielo…
El río,
prendido a la brisa,
cabalga sangrante.



Al Guadiana



ESTE río arrastra aire,
atardecer hasta morir
en el eco de luz,
que sangra horizonte.

ARRASTRA vértigo de voces,
existir de anhelos,
mirada verde que gotea
oscuridad desnuda.

ESTE río arrastra
un tránsito sin nombre
de olas que huelen a voz, a sequía,
a noches sin primavera.

ARRASTRA, perfume desbordado
en el pardo reflejo de la Alcazaba,
dolor y ausencias arrastra,
sudor de vacías palabras.

ESTE río arrastra
mordido reflejo de sombras,
mujeres de paso,
agrio mirar.

ARRASTRA el ladino y absurdo sí,
impagada sangre
del urbano burdel que se vuelca
en la punta arriba de la palabra,
en la doblez del agua
transida de cansancios.

SÓLO aire
arrastra este río, gente arrastra,
ganas de vivir abortada
en la raíz misma
de la tierra.

CUÁNTA pesadilla de mar tiene
este río, que arrastra luz
atada al aire, a la humedad de los ladridos
con gallos de alborada,

húmedos consejos que se mudan grávidos
sal
tan
do
entre el espacio
y el pasillo de las ramas

deletreando viento en la sílaba
de versos escondidos.

PARDOS coloquios
de muertos,
de cascotes,

ARRASTRA este río,

jaleo ahogado de niños,
hambre de risas
y palmas.

CUÁNTO aire arrastra
cuánta blasfemia de dioses
que enseñan altivos sus nalgas
en el rincón anónimo de la ciudad

esa ciudad sin alma,
cosida
a los sembrados lirios que buscan
el límite del color.
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