domingo, 29 de junio de 2008

sabíaacaracólas

Al ruido del mar le seguía el grito
de los niños, a la risa de los jóvenes
el olor a "fritangas". Mientras las olas
pasaban torpes recados a las conchas
el azul se extendió
salpicado de bollas de peligro.

En la portada del libro
una dedicatoria y en la brisa,
el recuerdo de otros momentos felices.

Todo estaba perfumado
de calor.

Perdida en la mañana deambuló
por la orilla dibujando pies
y arrastrando el alma. En la cordillera
de sus senos
un rastro de arena sabía a caracolas,
y entre sus manos, la caricia de ayer

enamorando la playa.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto