
Destinado a comunicar todos esos momentos que son espacios donde la palabra se convierte en el refugio cierto, en luz capaz de abrir caminos.



Lo que ocurre a nivel nacional choca con las actuaciones a nivel autonómico ya que en Extremadura se acaba de aprobar el Plan 3E, donde “arrimar el hombro” es la máxima para echar adelante el “empleo, la empresa y empujar a los emprendedores”. Ahora bien, si el Gobierno central habla de recortes ¿se cumplirá la dotación de mil millones acordadas para este Plan extremeño? Hay una cierta desconfianza en el ambiente dada la cantidad de “promesas rotas”. Si Monago es coherente con sus palabras lo llevará a cabo.
El presidente actual de la Junta ha llamado a esta “legislatura la del empleo”. Esperemos que sea verdad, aunque resulten un tanto quijotescas las expresiones con este término del empleo,repetidas, `hasta nueve veces, en su discurso de investidura; siete, en el discurso del día de Extremadura y otra en el mensaje de Noche Vieja, en el pidió unidad para llevarlo a cabo. El empleo para Jose Antonio Monago, según expresa, es “la piedra angular, el objetivo primero”.
¿Habrá que fiarse o desconfiar a la vista de los 119.000 desempleados más en nuestra región con 2.142 contratos menos?Por otro lado, ¿el Plan de choque, el 3E, remediará el paro de jóvenes y mujeres? Esperemos que sí, “labor de equipo” con la oposición, de entrada, no le ha faltado. Esta colaboración de la oposición la ha tenido siempre que “lo social” se ha salvado.
De todas formas hay dos actitudes: la del flautista-Rajoy que nos engaña y la de don Quijote-Monago que nos lleva a “toparnos con los molinos” de lo imposible. Dos falacia. Así que, ante los dos, no hay disyuntiva sino interrogantes que empujan a tomar posiciones frente a lo irremediable: el estado de excepción, la ruptura social, el caos de la miseria. Y vuelta a empezar.
Hay un cierto cinismo en las celebraciones de estos días, sobre todo cuando estas se expresan, a través de palabras hermosas y elocuentes, con pretensiones solidarias que nos emocionan e incluso nos vuelve más cercanos al sufrimiento del mundo. Del mundo de allí, porque el de aquí, cada vez más en crescendo en el paro y en otras desgracias sociales, se queda a la puerta de una solución política que nunca llega.
La navidad, que el mundo cristiano hizo religiosa, ha terminado por ser un simulacro maravilloso donde la imaginación nos despierta los mejores sentimientos en forma de gratuidad. Esta palabra viene de gracia, de don recibido, de regalo. Y es justamente este, el regalo, perdiendo ese sentido religioso de lo gratuito, el que se ha convertido en el sello fundamental del consumo, haciendo que la Navidad se vuelva un producto de multinacional. Para regalar hay que comprar y no cualquier cosa. Mientras más caro mejor. En estos momentos, excederse sin necesidad es un insulto para los que sufren las secuelas de la crisis económica. En este sentido, la Navidad se ha convertido al cinismo con el descaro propio de quien no le importa el otro. Esto no deja de ser paradójico ya que, mostrando la pobreza significativa del Pobre de Belén, se hacen ostentaciones innecesarias frente a los que no tienen nada.



Las nueve de la noche de un domingo de diciembre. Hace frío. En la avenida, los ruidos se amortiguan entre hileras de coches mal aparcados, . La gata reclama nuestra presencia. Sus crías corretean por el pasillo. En el telediario se sigue hablando de los recortes. Un hartazgo que provoca indiferencia. Me pregunto si este es el mejor momento para escribir y hacer versos. En estos tiempos la lírica está enferma de prisas. Me vienen a la memoria imágenes de los últimos atentados en Afganistán. Una poética del desespero donde sólo cuenta el Carpe Diem. Cuanto miedo, cuanto llanto innecesario, cuanta inseguridad a la vista del mundo; cuanto “mirón” de telediarios insensible al sufrimiento; cuanto sufrimiento sepultado en la memoria de los pueblos. Cierro el cuaderno. Mañana seguiré escribiendo. Apago la luz del despacho, pero no el impulso de contar historias. Son las nueve y once minutos. Un domingo de diciembre, después de un puente interminable.
Notas
Vuelvo a escribir entre la prisa
y el desespero.
Se amortiguan los ruidos.
Miedo,
llanto,
inseguridad,
sufrimiento sepultado
en las páginas de la tarde.
Vuelvo a escribir
entre el silencio y el impulso.




El juego de las palabras, sólo él
fue capaz de alargar la memoria.
No hubo abrazos solo verbos
llenando las ausencias.
La luz flotó en el aire, envolviendo la risa
y la distancia. Al fondo, las dudas
atizaban el infierno de un dilema.
Otro día, otra herida repleta
de palabras. Llueve.
La lluvia atrapa las mentiras de la calle.
Hace frío pero no en las palabras
que se deslizan por los rincones
salvando la tarde.

Rota la carne sobre la carne, reclama
el perdón. Después hizo silencio para sobrevivir
vislumbrando trozos de cielo, escapar
de monocordes manías.
El dolor se le hizo viento, noche,
a punto de abortar el deseo.
Hay vientos que llevan palabras
y palabras que navegan en la tarde.
No hay vuelta atrás al recomponer
el sonido de la carne con la piedad
de la luz, sin impedir que la voz
se volviera brisa en la calma
del barro.

Lo que hacía falta para completar este calor
que llena la salaEl perro sigue ladrando
Los sonidos se acompasan a la protesta animal.
El calor provoca vómitos.
Acudió al reclamo de la voz
y la puerta estaba rendida
a la derrota del silencio. Y el silencio fue
la huella del ángel.
Creía haber encontrado la luz
y su rostro tenía luces artificiales,
besos
en un cruce de caminos.
Cuando las palabras fueron
la sangre de la altura
la oscuridad permaneció
en el revés de las palabras.
Descendió a la morada de los vivos.
y la voz se deshizo en el abismo de los días,
las alas,
en la cicatriz de la brisa.

Entre ruidos monocordes de la calle
se rompe el tiempo en la tarde.
No hay marcha atrás solo el vuelo del ángel
que recoge palabras acompasadas con mil melodías,
todas las imágenes vertidas en los ángulos estrechos
de la memoria.
Por la cordillera del deseo descienden
alados sueños. En el dolor del tiempo
comienza la noche.

Mas la reina, hace tiempo el alma herida
del mal de amor, con sangre de sus venas
nutre su llaga, y en oculto fuego
consumiéndose va.
(Virgilio, La Eneida, IV)
Toma rumbo la mirada en la carne desnuda
en medio de un bosque de manos que se aferran
al vuelo de la trinidad.
Soportada en el brocal del agua que busca
el infierno de la sed; asida al deseo del fuego
que dobla los cuerpos transidos de pasión;
acariciando la ira de la tierra que alerta
del tiempo.
Gritan los rostros con el velo blanco
del sudor, mientras el amor clava sus dardos
en la piel vestida de miedos. Y sigue el rito
en esa trinidad de la carne desbocada
con la fuerza de un torrente y la fragilidad
del humo, hasta deshacerse
en la espalda de una nube que dibuja risas,
y en los labios que pronuncian secretos.

A Juan Andrés Calderón porque sabe estar
CANTO IV
Y no hay prisas,
sino bosque de entretiempos:
enternecida aurora
a donde vuelvo
(Juan Andrés Calderón. Despertar en Septiembre)”
Ahora, cuando surcas los caminos del invierno
se estremece tu tarde
y el crepúsculo coloca en tu mejilla,
los destellos del Amado,
paisajes donde anida la quietud
del saberte sin prisas en una aurora enternecida
a donde siempre vuelves.
Que no te vas compañero, mientras dure el perfume de tu paso.
Desprenden sus hojas los viñedos,
el vino y el pan en la mesa están servido,
que en la sangre del hombre buscas horizontes
para encontrar el vuelo cierto del Amor.
Que no te vas compañero, no, mientras dure el perfume de tu paso.
Noches en vela, sin adornos, conforman tu ser.
Cuántos amaneceres te sorprendieron vendimiando
racimos de esperanza. Por eso no te vas
mientras el agua brote sincera en las palabras
y el ser fiel sea la costumbre de lo mejor, lo más humano.
Levantemos las voces porque te quedas, compañero,
en el anhelo de cada uno, en el verso de la mañana
en las tardes de verano, apuntando días mejores.
Que no te vas mientras dejes por los rincones
trozos de agonía aceptada, porque el amor no es irse
sino un siempre volver,
de ena-mo- ra- dos.



El vacío no tienen nombre ni rostro,
es vacío. El nombre se disuelve
como nube en el silencio, el rostro
en la masa gris de las horas. Por qué
se empeña este vacío en imaginar abrazos.
Por qué el amor se vuelve muerte
y la felicidad sueño. Por qué
este caos desalmado;
por qué este vacío infinito;
por qué el vacío...
Es posible la luz cuando la paciencia de la noche rehace el alba .
No hay negro o blanco sino el color de la palabra, el verso
que brota en cada rincón de los silencios, en cada espacio
vacío, en cada espera. Hay voces que no ruidos en una sinfonía
donde vivir es un presente de horizontes más que de fronteras.
Qué importa si son veinte y pico o cuarenta y tantas las veces
que la vida se vuelve aventura de encuentros, una búsqueda
de las palabras que convierte en caricias el juego constante
de matar el tiempo. Es posible la luz a pesar de la noche.