
Aunque la soledad de los días grises
y el sonido de los coches en la avenida
le devolvieran a la conspiración
del parado,
y todo apareciera como anteayer,
cuando el caos tomaba las riendas
del despotismo y de las horas,
nada le pareció igual
en este desequilibrio
de las musas
prostituyendo a las moscas.
Y volvió a la línea roja,
a la improvisión
del eco sonoro de los silencios.