martes, 5 de julio de 2016

La solemnidad de lo sencillo




Hace unos días Pablo Méndez, de la editorial Vitruvio, me invitó a participar en Madrid en el Festival que esta editorial organiza todos los años. El encuentro ha sido el día 1 , primer viernes del mes de julio, a las seis de la tarde. Madrid ardía como una olla a presión. El calor sofocante hacía mas ruidosa la tierra de los parterres de El Retiro, que es donde este Festival Vitruvio se ha celebrado.

La acogida sencilla, diría parca, escueta, lo suficiente como para saber donde estabas. Por mi parte deseaba encontrarme con viejos amigos, conocidos poetas con los que he compartido foros poéticos. Estos eran Julián Borao y Carlos Guerrero. Magníficos poetas a los que admiro y sigo en sus avatares poéticos.

El festival consistíó en un recital. Cada uno de los poetas, de los que había publicado en Vitruvio este año, recitaban un poema. Se podía consumir dos minutos máximo. Hay que reconocer que algunos/as, ademas de tener muy buenos poemas, recitaron magníficamente. Entre todos los poemas, los  que más me emocionaron fueron los que recitaron  mis amigos, Carlos y Julián; me llegaron al alma. Emocionantes versos llenos de ironía y de desamor cotidiano.

Se terminó con una, a modo de, cena en uno de los baretos del parque, justo mirando el estanque central y casi con el alivio de una sombra de toldo. Preciosa vista que dejó de serla cuando las conversaciones se iniciaron y el encuentro, esta vez sí, solemne comenzaba a tomas forma. Me tocó por suerte, siempre es una suerte, con dos poetas y sus respectivas parejas: Maximiano y Cristina. Obvio el apellido y el nombre de las parejas no por maldad ni prisa sino porque en este momento no me acuerdo.

Cuando terminó este aperitiveo en El Retiro nos fuimos a un rincón del Parque en plan de bromas para terminar  después yéndonos a tomar una copa a un bar de Saez de Baranda. El cansancio del día hizo que el paseo me resultara lastimoso aunque-paradójicamente-era agradable al ir caminando con Carlos Guerrero. Este poeta, una mejor persona, es una gozada, una chispa andaluza en todo momento. Buen conversador este poeta malagueño que vive más en Cádiz que en la Costa del Sol.





















La noche no tuvo más sobresalto que el de no acordarme de la calle donde estaba el hotel mientras me montaba en el taxi que tomé a la vuelta. Se arregló porque la plaza cercana al habitáculo era conocida: Manuel Becerra.

En estos momentos , mientras escribo este relatorio, me ha llegado por mensaje de facebook la noticia de que uno de los poetas participantes, Manuel Zunzarren ha fallecido a consecuencia de un accidente de tráfico. Me ha impactado la noticia. El poemario de Maniuel fue uno de los que conseguí coger de la mesa "de gratis" que la editorial había preparado. Vaya desde aquí mi más sentido pésame para su familia y para todos los que lo conocieron, especialmente para Pablo Méndez de Vitruvio.

Termino este relato agradeciendo a Pablo y a su equipo el haberme invitado a este encuentro y por darme la oportunidad de estar, aunque fuera un rato, con algunos amigos. Gracias.

A la mañana siguiente me encontré con otro poeta Alfonso Brezmes, pero esto merece otro posteo. Y por supuesto merece también hablar de mi primera experiencia en Blblacar....


viernes, 17 de junio de 2016

Purificación, sosiego y vitalidad en El nombre secreto del agua.

Dejo en este HABITÁCULO el texto completo de Victor Bermúdez, o mejor dicho las notas de lo que fue la presentación del poemario El nombre secreto del agua, en la sede de la UNED de Mérida. Una presentación con tintes filosóficos que, además de agradarme, me reconforta. La presentación de Victor reseña perfectamente este poemario dado que todo él está insertado, estéticamente, en un contexto filosófico. La mayoría de los aspectos que toca en esta disertación-reseña tocan el corazón de la obra, El nombre secreto del aguaVuelvo a darle las gracias a Victor Bermudez, mi amigo y compañero, por esta magistral presentación. 



"Es un honor para mi presentar este poemario de Tino Lobato, editado por la prestigiosa editorial Vitruvio, en esta insigne y siempre acogedora casa, que es la sede de la UNED en Mérida. Gracias a Irene Mañas, su directora... por su siempre generosa disposición... y a Paco Molina, profesor de esta casa, por sus gestiones....


Dios y misticismo.

Decía Jerzy Grotowski, un famoso gurú del teatro de vanguardia del siglo pasado, que el artista no debe actuar, escribir, pintar... para el público (esto le convierte en un artista fatuo, frívolo), pero tampoco para sí mismo (esto le hará ensimismado, neurótico...). ¿Entonces? (preguntará alarmado cualquier hombre moderno de los que hay en la sala). Si fuera creyente, decía Grotowski, diría que para Dios, como soy ateo (y moderno), decía Grotowski, no sabría cómo decirlo... Pero no es tan difícil decirlo. Actuar, escribir, pintar para “Dios” es hacerlo mirando hacia un cierto ideal de perfección que no puede estar ni en la imperfección del mundo ni en la nuestra."

Esto no es nada nuevo. Ya los griegos pensaban que la inspiración era una suerte de locura o posesión divina. El sustantivo entusiasmo procede del griego ἐνθουσιασμός que viene a significar etimológicamente algo así como 'rapto divino' o 'posesión . Pero en la modernidad, esta posesión se vive como negatividad, como ausencia, como desesperación, silencio, o como una especie de inmanentismo mágico y “presocrático”... Aunque ni siquiera este “enthousiasmós” moderno es nuevo...

“Neti, neti”... decían invariablemente los viejos brahamanes a sus discípulos: “no es eso”, “no es eso”... Nada de lo de este mundo, nada que puedas decir se corresponde con aquello que buscamos ser y representar... Es otra cosa siempre la perfección, aquello a lo que dirigimos nuestros deseos, rezos, versos o besos...

El deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe... una hora cuya rama no existe”, decía, de nuevo más modernamente, " Cernuda.

Esta teología negativa de Dios, que lo identifica como lo que no se deja identificar con nada, y lo dice como lo que no se deja decir... es la que corresponde al espíritu moderno, es lo mejor que puede hacer este espíritu, después de haber matado a Dios, y a la Razón, para quedarse con esas formas negativas suyas, que son la nada (lo que no es nada concreto) y lo inefable: lo que no se puede nombrar pero es, a la vez, lo que – como nombra Heidegger – se oculta, secreto, en todo nombre, como alude nuestro poeta en el título de su libro...

A ese innombrable Dios, (parece hablarle) le habla nuestro poeta cuando dice todo lo que dice (cuando dice (abran el libro por) la pág. 26:

Cómo romper mi ansia de vivir
en la bóveda de lo improbable,
saber de tu voz,
dejar que tu abrazo me bañe
hasta la última coma de mi cuerpo




¿Quién es esa voz? ¿La voz secreta del agua?  Pero será un agua divina, como la de Tales de Mileto, que nos mueve al ansia de sacar la cabeza del agua (o meterla hasta el fondo) hasta esa bóveda de lo improbable...

Tino Lobato se desnuda, como debe hacer todo artista – volvería a decirnos Grotowski-- , se desnuda, nos sale al camino, y nos invita a bañarnos con él, paralelamente a él, en él, más allá de él,  en la corriente del verso de este nuevo poemario-río...

“El agua fluye, y me siento río, guardián de la memoria, del mar y de las islas”

El poeta nos llama (en todos los sentido de la palabra llama) a sumergirnos, místicamente (la inmersión es un “vuelo a la inversa”, nietzscheano, dionisíaco, presocrático) en ese viaje secreto del agua. Pero, a la vez, es un viaje, dice el poeta, hacia un cauce o mar de nubes, esa bóveda de lo improbable, donde está el sol, dueño de sus apenas nombrables retazos o reflejos...

Yo diría, así, que el río de este libro va haciéndose entre las dos orillas de lo místico... Entre esa teología positiva del misticismo heracliteano que conduce a Platón y la luz (la dialéctica-río que reconoce a la razón común como medida y a Dios como la unión de los contrarios – lo real y sus sombras--), y el misticismo invertido de Nietzsche, absoluta teología negativa, que nombra a Dios auyentando todo nombre y se consagra a el en la celebración de lo diverso, lo profano, lo “absolutamente superficial”...

Entre estas dos orillas, en remolino y en paralelo, están el poeta, su vida, su poemas, y sus lectores...

Si la experiencia poética (o estética, en general) pudiera describirse como una especie de inmersión o baño emocional en el que el lector y el texto (el bañista y el agua) se descubren como lo mismo (tal como en la experiencia científica descubrimos, también, la identidad entre pensamiento y realidad) este libro les dará a ustedes un buen baño, con todos los efectos asociables al baño: purificación, sosiego, vitalidad....



Hablamos de purificación en un sentido intelectual... Hay una cierta purificación en la dialéctica. Purificación de errores. Toda creencia en algo es errónea. La dialéctica verdadera no te deja caer en la más mínima verdad...

La dialéctica se hace, en la obra de Lobato,  un remolino alrededor de esas piedras con memoria que son sus versos...

“el misterio de la danza en la sangre del poema”

Dialéctica y anti-dialéctica, diálogo y danza, Heráclito/Platón, Nietzsche/cualquier otro...
Dios como presencia siempre ausente y Dios como ausencia siempre presente...
La unidad de lo diferente, y la diferencias en lo uno...
La mismidad de lo variable, y la variabilidad de lo mismo...
La forma de la materia, y la materia pluriforme...
El decir lo indecible, y lo indecible del decir...
El nombre del río, y el río de cada nombre...

“Todo fluye / contrapunto de las palabras / que quieren describir el cauce del agua / en esta inmensidad de la Tierra”

De un lado, la realidad, cambiante, metamórfica como el río de Heráclito, realidad que no admite nombres que la fijen o represen... (ten); cada vez que lanzamos las redes del lenguaje al río de lo real, salen vacías...

Cómo poner nombre a los trozos de sol
pegados a cada instante (pag 42)

Pero, a la vez, esta fluencia o confluencia es, es algo, es río, es ley de agua, es hidrológica: nunca cambia que todo cambie, la materia, el agua, no es más que fórmula, nombre transparente al logos, pura y única luz...

“Cada día estreno luz en el borde / de las márgenes (…) sueño con la fuerza que desvela / el calor del paraíso”

No es ningún secreto que el nombre del agua y lo que corre debajo, lo que llueve, empapa y deshace a los nombres (y a los hombres), nombre y agua, nombre de agua y agua sin nombre, son el alfa y el omega (o uno de sus nombres) del pensamiento, de la reflexión, esa forma esplendorosa de vivir (pero por esplendorosa, también poblada de sombras) sin la que, como decía Sócrates, la vida no merece la pena.

Esta dialéctica-río, purifica porque habita, inunda, mueve al que se sumerge en ella y se siente:

Agua entre tierra y fuego, lucha de contrarios (pg.40)

Agua con que ablandar y moldear el barro de la tierra, agua movida por la gravedad, pero también, en ratos sublimes, por el aire que separa y acaricia las cosas, y hacia la luz que acaso las quema y comprende...  

Estoy ahí, ante este universo que cambia
bajo ese nudo del aire que limita las orillas
de los ojos.

También el alma es a la vez río y nombre, fluido y luz,

“Piel de la bruma, bendición del fuego”

un río serpenteante

“que busca el equilibrio en estas curvas
del verso..”

entre la tierra y el aire

“caudal que arrastra la memoria de las piedras y refleja el alma de las nubes”



El baño, el agua, también produce sosiego. Melancolía.

Otro efecto de la inmersión en la obra de Tino es... como el que típicamente tiene uno al mirar la corrientes de un río, o el caer de la lluvia... Un sosiego melancólico. Triste, sereno. Liberador.

Por qué este deseo de darle nombre a la nada
imaginando abrazos en la utopía. Por qué.

Al fin, es...

imposible detener esta corriente que arrastra la luz
hacia aquel horizonte de aguas (32)

Vivir es...

un sendero blando que marca el tiempo / en el cansancio de las márgenes

Porque yo.... (dice el poeta, podemos decir todos...)

No tengo más que el ímpetu del aire,
torbellino que estrena la magia de las tormentas,
más allá del temor. Un presente con alas
que desvela el revés del Paraíso
en la página cero. 47

Y que recuerda aquel verso sublime de Cernuda:

Cuando la muerte quiera

una verdad quitar de entre mis manos,

las hallará vacías, como en la adolescencia,
ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.


Tanta melancolía provoca el deseo de disolverse en esa corriente,

“en este ronronear del agua, desaparezco..”

en la paz absoluta, esconderse en el silencio (“me escondo en el silencio”), volver a la tierra, “donde habite el olvido”, en  

“un tiempo sin encuentros que habla / de abrazos que no fueron; del silencio / de la creación; de una tierra que me invade”... “otros paisajes, sin héroes ni princesas / en este fluir de agua y amapolas”... Quiero regresar al lugar del sueño, / sin alas... 62


Vitalidad...

Pero no todo es melancolía. También, y al fin, la experiencia del baño, de la inmersión estética, es vivificante. El poeta encuentra ese contrapunto, de nuevo dialéctico, a la melancolía, en dos elementos: en los otros, y en el arte.

En los otros, alrededor de los otros, se articulan alguno de los más hermosos poemas del libro. El primero...

Nunca, como ahora...
Nunca sentí el vértigo de las miradas que me afirman
y nombran en el caudal de otras orillas.

Más adelante:

Cómo olvidar  
esa multitud de miradas que invaden mi alma,
como un rumor de mareas 42

El otro es:

Eco que refleja mi orilla con ansía de paraíso

Así que.

Por qué no declarar el sustantivo
del amor que me sorprende

El otro contrapunto de la melancolía es el arte...

la vida que arranca
trozos de cielo al atravesar los límites del agua (35).

…Como rocas que sobresalen...

Una roca en la ribera, atalaya
que contempla el sueño de las cañas

Una roca, un verso... Los cantos rodados que son las estrofas...

las estrofas, cantos rodados, se pegan
al ser del verbo, con el anhelo
de darle nombre al agua (poema final)

Pero el ser, piensa el autor, es más bien verbo, corriente, río...

Y la corriente del verbo y la piedra de las estrofas
fíjense que remolino forman.

Ese remolino,
que no deja de moverse, ni de ser el mismo siempre,
dando vuelta a sí y lo que lo rodea,
y que a veces se hunde en un agujero melancólico
y otras asciende en espiral de vapor hacia los otros y la luz
eso somos...

Y ese es este libro río de Tino Lobato.

Dense en él un baño de realidad,
en el sentido más dialéctico, melancólico y vivo de la palabra realidad...


 Víctor Bermúdez
El nombre secreto del agua.

Mérida, 13 de junio


domingo, 5 de junio de 2016

PRESENTACIÓN EN MÉRIDA

El día 13 de junio a las 19,15 h.


en la sede de la UNED de Mérida se presentará el libro:



El nombre secreto del agua. 


Actuarán: 

Paco Molina Artayola, presentador del evento
Victor Bermudez, presenta el poemario
Faustino Lobato, autor del poemario

domingo, 29 de mayo de 2016

Recensión de Manuel Pecellín a El nombre secreto del agua.

         

               Manuel Pecellín en su sección del blog de Hoy.es, Libre con libros hace una extensa recensión sobre el poemario El nombre secreto del agua. Vaya mi agradecimiento a Manolo por estas notas: 

          " El nombre secreto del agua abre con una de las sentencias más famosas en la historia de la filosofía occidental y prácticamente la única que de su autor ha llegado hasta nosotros, el “panta rei” de Heráclito. La primera parte del poemario es la traducción literal de este topos: “Todo fluye”. Unos versos de Michel Houellebecq dan pie a  los del autor, que los va alternando con  pasajes en prosa poética de alta intensidad. El sujeto lírico se identifica con la el caudal de agua en la que uno nunca puede bañarse dos veces. Aunque se lograra retenerla con cualquier artimaña, quien acceda de nuevo al embalse ya no será el mismo de la ocasión anterior, transformado inevitablemente por el discurrir de las horas. Esa conciencia del constante fluir, contraria a la inmutabilidad parmenídea del ser, constituye el fundamento del pensamiento relativista, frente al dogmatismo, tal vez la perezosa, acomodaticia actitud mental de quienes niegan el movimiento, la transformación, el cambio indefectible de las realidades todas. Como el trueque del agua, el poeta se reconoce metamorfosis múltiples según discurre la corriente de sus días. Eso no quita para que, entre los diluvios que lo anegan,  confunden acaso, aspire a mantener la pasión, las ansias, los márgenes donde más se reconoce, alcanzar tal vez un paraíso inmarchitable.
               “Todo cambia” es el título anafórico de la segunda parte. Verso y prosa alternan nuevamente, los pasajes de la segunda dispuestos en cursivas. La inquietud ahora se centra sobre el lenguaje mismo y la constatada dificultad para decir cuanto más importa, de descifrar “el misterio de la danza en la sangre del poema”, el amor, los sueños,  quizá la utopía ¿Cómo trascender los límites del agua?, se pregunta quien no quiere someterse a las imposiciones del primer Wittgenstein o someterse al oneroso silencio. Porque, en definitiva, lo que más importa siempre supera con mucho las imposiciones del decir lógico-matemático. Ahí reside el máximo atractivo de la voz lírica auténtica, libre e iconoclasta. El riesgo de no seguir la máxima del Tractatus (“Sobre lo que no se puede hablar, mejor es callarse”) es incidir en simples “flatus vocis”, sin contenidos, en confundir las voces con los ecos (Machado).
                “Nada permanece”, la parte tercera y última, mantiene el mismo discurso. El poeta se resiste a dimitir de sus nostalgias y busca cómo romper la deriva hacia el también atractivo silencio. Los poemas se van concentrando y el lenguaje  deviene cada vez más desnudo, sin renuncia de la claridad. Como un eco del gran fray Luis, se alaba a quienes saben vivir a solas, vistas las dificultades de la comunicación. Tal vez se les desvelan así sinfonías de piedras y nubes, aladas historias, estrofas entre cantos rodados, que sustenten las siembras últimas de la vida."

Faustino Lobato, El nombre secreto del agua. Madrid, Vitruvio, 2016



jueves, 26 de mayo de 2016

Breve comentario de Julián Borao a El nombre secreto del agua.

         



           Hace unas horas un poeta amigo mío, Julián Borao, me ha escrito una carta en facebook comentando  el poemario, El nombre secreto del agua. En esta carta, entre otros asuntos,  me decía al respecto:

        "Leer tu libro ha sido una sorpresa muy agradable. Creo que has conseguido un poemario que se lee como una sinfonía de principio a fin, una sinfonía del agua, como objeto real y también metafórico, que fluye y cambia sin cesar. 

           Has utilizado a Heráclito como pretexto, basándote fundamentalmente en la vertiente del fluir, de la no permanencia y del cambio (obviando, sin embargo, el papel que él daba al fuego como constituyente común de las cosas y de sus cambios), es decir, has impregnado el poemario, sobre todo, del devenir para recrearte en el símil de la vida como experiencia y has conseguido un texto de una gran coherencia conceptual. 

           Resulta complicado centrarse en un "sujeto teórico" y ceñirse a él a lo largo de todos los poemas pero tú lo has conseguido y te felicito."

         Este comentario, obviamente positivo, subraya algunos aspectos que me alegra que Julián, como lector, haya sabido apreciar desde la sensibilidad del poeta, y es el hecho del devenir recreado en la vida. Este, es cierto, se expresa o esa era mi intencionalidad, en un constante vitalismo que, de manera  inexcusable, hace que el yo literario mire de frente aceptando la fragilidad existencial en el propio cambio de lo cotidiano.
   
          Desde este rincón de mi habitáculo quiero dar las gracias a Julián Boráo, poeta y amigo con el que comparto esta inquietud por el verbo, por la palabra en acto. Julián Borao coordina las Noches poéticas en Bilbao

            Gracias poeta por tus palabras.

El tacto de lo efímero. Jesús M. González y Flores


Ayer, miércoles 25 de mayo, tuve el placer de asistir a la presentación del poemario "El tacto de lo efímero" de Jesús María González, editado por Vitruvio y que ya fue presentado en abril en la ciudad de Cáceres. El acto lo inició Luis Sanz quien, después de hablar del autor, dió algunos apuntes de la obra. A este le siguió Jesús María el cual abordó, como autor, el hecho de una reedición de este libro previamente publicado por la Diputación de Badajoz en la colección Alcazaba. 

El ambiente acogedor creado en la librería Colón, de la avenida Santa Marina de Badajoz, se debió, en gran parte, al propio autor de la obra que, de una forma fresca y directa, interpretó canciones de Janis Joplin y Sabina, entre otros. Este elemento musical sirvió como contrapunto didáctico para recitar algunos de los poemas. El recital fue acompañados de imágenes sugerentes que Jesús María González fue exponiendo.

Agradezco la invitación de Jesús, un hombre de especial sensibilidad por la letras y por todo aquello que sirva, de manera estética, para comunicar. Un poeta que ha ido madurando hasta el punto de dejarnos este libro que son, después de Escenarios, un puñado de versos cargados de sentimientos y de miradas donde el paisaje de lo efímero, de lo que cambia y se fortalece, se vuelve protagonista mayor.


MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto