sábado, 26 de noviembre de 2011

Tokio Blues (Norwergian Wood) de Haruki Murakami.




-LA NOVELA. COMENTARIO.

Si tuviera que decir, en pocas líneas, algo sobre esta novela tendría que establecer círculos concéntrico entorno a los sentimientos de la perdida. Su autor, Haruki Murakami, argumenta estos sentimientos, que llamaremos existenciales negativos a través de sus personajes.

El personaje principal, Toru Watanabe, es el hilo conductor de una historia de encuentros y desencuentros marcado, algunos de ellos, por situaciones de impasse vital. La novela comienza con el recuerdo de la vida que éste ha llevado en Tokio en sus años de estudiante.

El entorno vital del protagonista se irá desgranando, a lo largo del libro, al entrar en contacto con otros personajes. Estos, con caracteres diferentes y contradictorios, irán marcando su existencia.

1º) El encuentro de Watanabe con Naoko, la novia de su amigo, llena de intimismo y de sentimientos que no acaban de madurar, hará que Toru se vuelva más reflexivo. Terminará visitando a Naoko en un lugar apartado de la civilización, un psiquiátrico- no al uso. Murakami, con la novela de Tomas Mann de fondo, parece dar a entender lo que supone vivir al margen, como Naoko, apartados de todo lo reglado en el revés de lo acomodaticio de la sociedad. La vida de Naoko está marcada por el suicidio: Su novio, amigo de Toru, y su hermana se suicidan. Ella también, terminará suicidándose, La referencia de Murakami a este hecho trágico es la constatación de una práctica habitual en Japón. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) este país ocupa el segundo puesto en índice de suicidios detrás de Rusia.

2º) Por otro lado, Toru Watanabe, recordará su relación con una compañera de las clases de teatro, Midori Kobayashi. Esta es la cara opuesta de Naoko. Extrovertida y llena de vida y además muy segura de sí misma. En este personaje también se dan las contradicciones de la no aceptación o la negación de sí misma y las mentiras.

Estas dos mujeres marcarán un dilema en la vida afectiva del protagonista de Murakami. Una encrucijada amorosa que no está lejos de nuestras experiencias vitales.

Probablemente sea esta situación descrita lo que hace que la novela te atrape en su trama hasta el final. Además, esto también será lo que da una visión pesimista del autor ante la vida.

Las dos vidas descritas, la de Naoko y Midori, la intimista y la extrovertida vienen a ser como el derecho y el revés de la existencia de las personas, una paradoja que no escapa de la vida de todos nosotros. Quizás sea en este punto, de angustia o de extroversión vitales, donde el mensaje de la novela apunta a la llamada de atención que el ser humano se hace cuando toca techo. En realidad, lo que Murakami pretende constatar, entre otras cosas, es la situación de esa sociedad revuelta de los sesenta: una búsqueda de identidades.

El contrapunto de estas dos realidades, que contextualizan la vida del protagonista, lo marcan otros personajes, especialmente el de Nagasawa, compañero de residencia de Toru.Éste parece estar sacado de la novela de F. Scott Fitzgerald, El gran Gasby. Nagasawa es un hombre vulgar, aunque de una familia de la élite japonesa, con el que comparte sórdidas aventuras: practicar sexo con chicas escogidas al azar. Al narrar esta situación Murakami deja entreve el sexismo de la sociedad japonesa. Cuando describe la cena de estos dos compañeros con la novia de Nagasawa aparece el cinismo propio del machismo. Este personaje terminará suicidándose.

En resumen: Con la descripción de estas tres situaciones Murakami nota tres formas características del ser humano: la introspección, la extroversión y la superficialidad. Cada una de ella generadoras de miedos e inseguridades, de mentiras o de medias verdades.

El título está tomado de una canción de los Beatles,” Norwergian Wood. Murakami parece tener una intencionalidad argumental expresa ya que esta canción habla de la soledad y los desencuentros. Por cierto, la última estrofa de la canción dice como el chico incendia el apartamento de quien le había invitado a beber una copa porque lo deja solo:

Y cuando desperté./ Estaba solo./ El pájaro había volado./ Así que encendí un fuego./¿No está bien?/ Madera noruega. (Norwergian Wood)

La novela de H. Murakami no está lejos del titulo de ese blue de los Beatle donde, con el suicidio de algunos de los personajes, se “incendia”´, metafóricamente hablando, el fracaso personal y social. El protagonista, Toru Watanabe, está lejos de este desastre vital, no se suicida. Él es la memoria- testigo de sus vivencias más controvertidas, ante las cuales hay que tener valor para hacerle frente. Su actitud testimonial es la de colocarlas en la mesa cotidiana del presente.

Teniendo en cuenta que en Japón la consideración del individuo escapa al pragmatismo occidental y que Murakami, escribe con notas occidentalizantes, la pretensión de esta novela no es la de demonizar la intención de nadie sino la de constatar la realidad universal de los seres humanos dejando la puerta abierta a otras conclusiones. Lo que si aparece es la dignidad de las personas en su derecho a ser ellas mismas.


- LA PELÍCULA:


Terminada en el 2010, su director Tran Anh Hung, un franco vietnamita reinterpreta la novela de Murakami a través de unas escenas densas siempre al limite de la abstracción. La película está dentro del arte y ensayo. No es un cine de masas, convencional.

La lectura fílmica es diferente a la de la novela. El guión resalta más los aspectos surrealistas de unos jóvenes en busca de su identidad o lo que es lo mismo el centro vital de ellos mismos.
La devastación emocional de los personajes contrasta con la elegancia visual de las secuencias:
-Las secuencias de exteriores deja claro esta visión zen de la realidad japonesa sobre todo cuando aparecen los paisajes del psiquiátrico donde está Naoko. El minimalismo de estas escenas choca con el caos y el desorden de la residencia donde vive Toru Watanabe.
-Las escenas interiores, especialmente las de sexo, están desarrolladas de una forma sutil, sobre todo en los primeros planos. Hay que destacar la escena de la nieve. En esta se da una visión del amor que va más allá de lo real, idealizada.
Interesante el trabajo fotográfico de Lee Ping Bing. Este retrata perfectamente la perspectiva oriental de las miradas, de los gestos. Importante no perder de vista los primeros planos de la película.
Interesante la música, que aunque occidental tiene ese toque de intimismo oriental o esa nota que solo los orientales son capaces de acentuar yendo al meollo de la melodía.



- El ARGUMENTO DIDÁCTICO:

Como argumento didáctico, la lectura fílmica quizás sea la más apta. La película puede servir de punto de partida para explicar algunos temas de Ética de cuarto de la ESO, o para aclarar la diferencia conceptual de Autonomía y Heteronomía. También puede servir como punto de dialogo a la hora de hablar de los lenguajes no formales en la Filosofía de Bachillerato e incluso de los aspectos éticos de los existencialismos.

martes, 8 de noviembre de 2011

Tal vez


Tal vez la noche complicó el aire
de los rostros, manteniendo las palabras
con ese tono de humedad apunto
de perderse en la memoria. Tal vez
habrá que esperar uno, dos días
a que el aire se vuelva brisa
y no dañe los ojos; y el agua brote
tal vez, de los labios de un libro.


miércoles, 26 de octubre de 2011

El juego de las palabras



El juego de las palabras, sólo él

fue capaz de alargar la memoria.

No hubo abrazos solo verbos

llenando las ausencias.


La luz flotó en el aire, envolviendo la risa

y la distancia. Al fondo, las dudas

atizaban el infierno de un dilema.


Otro día, otra herida repleta

de palabras. Llueve.


La lluvia atrapa las mentiras de la calle.

Hace frío pero no en las palabras

que se deslizan por los rincones

salvando la tarde.

domingo, 23 de octubre de 2011

Una página por escribir


Cuando la línea de la tarde robó

versos a la noche; cuando los labios

señalaron la marca del instinto y la piel

comenzaba a recobrar la memoria,

el deseo se hizo gesto. No hubo miradas

solo el abismo de la carne,

el suspiro

de una página por escribir.


lunes, 17 de octubre de 2011

Rota la carne


Rota la carne sobre la carne, reclama

el perdón. Después hizo silencio para sobrevivir

vislumbrando trozos de cielo, escapar

de monocordes manías.


El dolor se le hizo viento, noche,

a punto de abortar el deseo.

Hay vientos que llevan palabras

y palabras que navegan en la tarde.


No hay vuelta atrás al recomponer

el sonido de la carne con la piedad

de la luz, sin impedir que la voz

se volviera brisa en la calma

del barro.


jueves, 6 de octubre de 2011

Un día cualquiera


Lo que hacía falta para completar este calor

que llena la sala
era el ladrido de un perro , el rasguño de los folios,
y el sonido frío de un bolígrafo al caer.

El perro sigue ladrando

Los sonidos se acompasan a la protesta animal.

El calor provoca vómitos.
Todo se reorganiza en el caos atómico
de este mediodía a punto de dar la una.

El perro calla y los niños siguen
completando la categoría de los tonos:
Voces aflautadas y broncas
se cuelan por el aula en silencio. Huele
a sudor y a corrección de faltas.

Este es un día más
en ese orden de cosas que hace
que la vida duela; un día cualquiera
con notas de exámenes;
visión platónica y otros libros
que ayudan a la digestión
del café de la media mañana, ese solemne café
endulzado con conversaciones,
siempre las mismas,
de niños y guardias de recreo.

Por los pasillos, ojos, pies, manos, sueños,
deseos, pensamientos, sombras, holas,
ganas de irse, besos. La vida,
en un carro del supermercado.

El calor aburre, los niños gritan, el perro se calla,
el sudor aumenta y el pensamiento revuelve
dolores pasados. Heráclito se hace presente
guiñando un ojo a los rincones.


Andar. Nada parece lo que es.
Imágenes de historias agradables
para superar este caos que me parte en dos
el tiempo, este traje oscuro que me hace sucumbir
ante lo más fácil.





martes, 27 de septiembre de 2011

La derrota del silencio.


Acudió al reclamo de la voz

y la puerta estaba rendida

a la derrota del silencio. Y el silencio fue

la huella del ángel.


Creía haber encontrado la luz

y su rostro tenía luces artificiales,

besos

en un cruce de caminos.


Cuando las palabras fueron

la sangre de la altura

la oscuridad permaneció

en el revés de las palabras.


Descendió a la morada de los vivos.

y la voz se deshizo en el abismo de los días,

las alas,

en la cicatriz de la brisa.




jueves, 22 de septiembre de 2011

En el dolor del tiempo.



Entre ruidos monocordes de la calle

se rompe el tiempo en la tarde.

No hay marcha atrás solo el vuelo del ángel

que recoge palabras acompasadas con mil melodías,

todas las imágenes vertidas en los ángulos estrechos

de la memoria.

Por la cordillera del deseo descienden

alados sueños. En el dolor del tiempo

comienza la noche.




lunes, 19 de septiembre de 2011

El vuelo de la trinidad


Mas la reina, hace tiempo el alma herida
del mal de amor, con sangre de sus venas
nutre su llaga, y en oculto fuego
consumiéndose va.

(Virgilio, La Eneida, IV)


Toma rumbo la mirada en la carne desnuda

en medio de un bosque de manos que se aferran

al vuelo de la trinidad.

Soportada en el brocal del agua que busca


el infierno de la sed; asida al deseo del fuego

que dobla los cuerpos transidos de pasión;

acariciando la ira de la tierra que alerta

del tiempo.


Gritan los rostros con el velo blanco

del sudor, mientras el amor clava sus dardos

en la piel vestida de miedos. Y sigue el rito

en esa trinidad de la carne desbocada


con la fuerza de un torrente y la fragilidad

del humo, hasta deshacerse

en la espalda de una nube que dibuja risas,

y en los labios que pronuncian secretos.



sábado, 10 de septiembre de 2011

Desde el silente rostro de lo amado. Canto IV.


Hace unos días hemos tenido un encuentro con nuestro amigo Juan Andrés Calderón, poeta y hombre de compromiso, premio "Delgado Valondo" 1989. Para esta ocasión escribí, a partir de las cuatro estrofas de un poema suyo, cuatro cantos, llamado ". Cuatro cantos y un epílogo". Aquí dejo el canto IV con la estrofa cabecera extraído del poema de Juan Andrés.

A Juan Andrés Calderón porque sabe estar

donde yo no me atrevo aunque me atreviera.

CANTO IV



Y no hay prisas,

sino bosque de entretiempos:

enternecida aurora

a donde vuelvo

(Juan Andrés Calderón. Despertar en Septiembre)




Ahora, cuando surcas los caminos del invierno

se estremece tu tarde

y el crepúsculo coloca en tu mejilla,

los destellos del Amado,


paisajes donde anida la quietud

del saberte sin prisas en una aurora enternecida

a donde siempre vuelves.


Que no te vas compañero, mientras dure el perfume de tu paso.


Desprenden sus hojas los viñedos,

el vino y el pan en la mesa están servido,

que en la sangre del hombre buscas horizontes

para encontrar el vuelo cierto del Amor.


Que no te vas compañero, no, mientras dure el perfume de tu paso.


Noches en vela, sin adornos, conforman tu ser.

Cuántos amaneceres te sorprendieron vendimiando

racimos de esperanza. Por eso no te vas

mientras el agua brote sincera en las palabras


y el ser fiel sea la costumbre de lo mejor, lo más humano.


Levantemos las voces porque te quedas, compañero,

en el anhelo de cada uno, en el verso de la mañana

en las tardes de verano, apuntando días mejores.


Que no te vas mientras dejes por los rincones

trozos de agonía aceptada, porque el amor no es irse

sino un siempre volver,

un siempre volver


de ena-mo- ra- dos.









(DESDE EL SILENTE ROSTRO DE LO AMADO.CUATRO CANTOS Y UN EPÍLOGO.)








lunes, 5 de septiembre de 2011

Por qué el vacío



El vacío no tienen nombre ni rostro,

es vacío. El nombre se disuelve

como nube en el silencio, el rostro

en la masa gris de las horas. Por qué

se empeña este vacío en imaginar abrazos.

Por qué el amor se vuelve muerte

y la felicidad sueño. Por qué

este caos desalmado;

por qué este vacío infinito;

por qué el vacío...






sábado, 3 de septiembre de 2011

Cuando la paciencia de la noche...


Es posible la luz cuando la paciencia de la noche rehace el alba .

No hay negro o blanco sino el color de la palabra, el verso

que brota en cada rincón de los silencios, en cada espacio

vacío, en cada espera. Hay voces que no ruidos en una sinfonía

donde vivir es un presente de horizontes más que de fronteras.

Qué importa si son veinte y pico o cuarenta y tantas las veces

que la vida se vuelve aventura de encuentros, una búsqueda

de las palabras que convierte en caricias el juego constante

de matar el tiempo. Es posible la luz a pesar de la noche.



viernes, 2 de septiembre de 2011

Todo sigue el curso del silencio…





Todavía están abiertas las ventanas,
los ruidos y las ausencias se confunden;
unas fotos reclaman atención y las nubes
siguen su paso indiferente
a los transeúntes con paraguas.
Nadie llama ni se molesta,
todo sigue el curso del silencio,
ese tiempo mudo que acoraza el alma
cuando se esperan las caricias
y no hay mas respuesta
que gotas de lluvia sobre el cristal.
Habría que ser hormiga
para comprender la grandeza de las cosas
porque esto de ser gigante
hace perder la dimensión
de los abrazos.



jueves, 1 de septiembre de 2011

En blanco y negro


















Nunca fue tan abierta la mañana, nunca
cuando la carne acortó distancia en la sonrisa;
y la ternura de los besos, huellas de aves al pasar.
Un mar en la espalda, olas arrastrando la palabra
a una orilla imaginaria que habla de promesas,
de un hasta luego, de noches, de silencios. Nunca,
como hoy, se hizo tan de día la mañana
en el verbo pronunciado 
que traza líneas de  luz 
en el juego amante
de los cuerpos.



Haikus de la mañana.



 Mañana de luz,
vuelo largo de manos.
Siempre tus labios.


 Alba rendida,
gritos de la mañana
en las aceras.


 Fiel la sonrisa
libre, amor entregado
de la mañana.



miércoles, 31 de agosto de 2011

De la falta de presencias




Nunca fue tan gris la tarde, nunca
cuando la palabra resbaló
en el vacío de la distancia,
en el muro que impedía descifrar el rostro.
Unas frágiles vocales, mezcladas
con pronombres y verbos abreviados,
componían renglones abortados. Nunca,
como hoy, se hizo tan de noche
aunque la luz arropase los vértices
de las cosas inertes.







los espacios de la carne




Los sueños se convirtieron en espejos del verbo,
en horas volando en la piel de la tarde. Y la brisa
respondió a las caricias en los espacios de la carne
que gritaban deseos. Nada que hacer cuando la mirada
se contagia de la altura y los versos se acumulan en el aire.


lunes, 29 de agosto de 2011

A punto de gritar




Otra foto de Carlos Rivero me marca el punto de inspiración para trabajar un grupo de palabras dando forma a un poema de Lo diario.

Hay caminos con espejos
que aparcan la luz entre el barro,
barros que se cuelgan al deseo de los caminos,
espejos encerrados en los límites de la forma
que señala horizontes,
luz que dibuja cuerpos arropando el color
del sentimiento.

Tan anónimo el camino
dando nombre al barro
que no sabe como dejar la huella
de la luz, patente en el sexo
del espejo, ese revés de las cosas
que trazan la fragilidad en el caos
de una naturaleza a punto de gritar.

Qué camino seguir sin romper
este invierno forzado
que marca el barro con la luz
en la línea
del agua
con un simple verso
de formas.



sábado, 27 de agosto de 2011

Líneas

Mirando una foto de Carlos Rivero/domingo 21 de agosto de 2011.






Todo está en el orden perfecto de la línea.
Un equilibrio creador de formas grises, casi azules,
de sueños quebrados. Cómo romper este verso de la tarde,
esta victoria de la mirada indiscreta que recoge el alma de la calle.
El silencio encastrado en las palmeras parece anunciar lluvia.
pero no llueve solo hay sueño en los ángulos de la carne que colorea
la cruda piel del cemento. Orden perfecto en el equilibrio de los sueños,
en la mirada silenciosa que roba la infinitud de la línea entre grises,
casi azules, de sombras. La vida, este silencio infinito de la carne que desea
otro cielo. No llueve, solo hay sueños entre las líneas eternas de cualquier tarde.


viernes, 26 de agosto de 2011

En tránsito...



El tiempo es el mejor autor;
siempre encuentra un final perfecto.
Charles Chaplin




En este tránsito de las horas
donde los sonidos desfiguran
el paisaje de nubes y asfalto;
en este fluir de los instantes
donde nada ocurre y todo sucede
más allá de las miradas;
en este momento,
el deseo recrea formas inauditas
atando la palabra a la sombra
del silencio,
a la imposibilidad
de dibujar el espacio
en el que nazco, una y mil veces mil,
entre los ruidos que llegan
con un persistente oleaje callejero
“pret- a- porté” cotidiano, que acompaña
en este maldito fluir de las horas en tránsito.


MIS VISITAS AL MUNDO

MIS VISITAS AL MUNDO
Tiene Lisboa sonidos de agosto