Como olvidar la dignidad pisoteada mientras “los
buenos” expulsan de sus paraísos a los que no obedecen y exigen la falacia del “perdón”.
Como olvidar el sacrilegio de “los perfectos” que miran el lado bello de la
vida donde la miseria no molesta y
pronuncian discursos sin contenido falseando la realidad. Cómo olvidar la
imagen de los desheredados buscando
una salida mientras “los mejores” justifican el control de los mercados. Cómo
olvidar este olvido impertinente de “los santos” que no aceptan el impulso imperfecto de los que
quieren sobrevivir sin mascaras. Cómo olvidar la fragilidad de los inquietos frente al hastío de los pre-potentes
soportando el aburrido siempre-lo-mismo. No, no puedo olvidarme de esa mayoría
que nos equivocamos mientras tenga conciencia de que soy alguien y no un objeto
de cambio.
Destinado a comunicar todos esos momentos que son espacios donde la palabra se convierte en el refugio cierto, en luz capaz de abrir caminos.
domingo, 5 de febrero de 2017
sábado, 4 de febrero de 2017
Días pares e impares. Metafísica de lo cotidiano.
Quiero compartir el texto de presentación del libros Días pares e impares, editado por LUPI ( La Única Puerta a la Izquierda) de Julián Borao en la librería Universitas de Badajoz. Un somero análisis de cada una de las partes del libro.
TEXTO ÍNTEGRO:
Dice
Teresa Ramos, una poeta navarra, amiga común que con este poemario: “nos adentramos pues en el entramado de lo impar
y de lo par; y de la vivencia de esa herida compartida por todos los seres
humanos, impares o pares, según el día que amanece, con una suerte
imprevisible, a pesar de todos los pronósticos y los propósitos.” Con
las palabras de esta poeta navarra nos planteamos ante este libro de Julián
Borao, que no se trata de averiguar el significado de estos elementos estéticos
que le dan nombre a la obra, sino de caminar
por los rincones de sus versos de manera vigilante. En definitiva, este es
un libro de poemas que quiere hacernos conscientes que la existencia es algo más que un estar, es una búsqueda.
Nuestro
poeta nos presenta un libro dividido en cuatro partes, un a modo de cuatro
existenciales donde él va trazando
la trama de lo posible: Días; Chequeando las horas; Amor, tiempos y
palabras; Versiones de la noche. Cuatro partes donde la temporalidad física
desaparece, para dar paso a los momentos íntimos donde el yo poético se
detiene.
Así,
en la primera parte, DIAS, se escribe desde el cero, que no es la nada, donde sumar y
restar palabras es lo natural. Un punto de partida, como una declaración de intenciones de cómo hacer frente a los días, de
cómo aferrarse a las cuestiones del instante “buscando las palabras conocidas/ que me lleguen a ráfagas anónimas/ en
este extraño asombro de existir.” (39). No pierde Borao esta inquietud del
filósofo de asombrarse para empezar a –como él dice- a descongelar “algunas sensaciones/ que llevan tiempo en mi
interior.”(45) Y para esto hace falta “detenerse/
sentirse, /simplemente sentirse/ en el silencio/ y esperar” (51). Con esta
expresión termina la primera parte subrayando que la paciencia es la mejor
aliada en este trabajo de búsqueda.
En
la segunda parte, CHEQUEANDO HORAS, el yo poético entra en una
revisión de todo lo que le rodea, examina, chequea desde el mismo instante
en que rompió la virginidad- un 23 F y en una noche de invierno- donde el
elemento físico se convierte una metáfora del desastre o de lo desastroso. Para
terminar haciendo una confesión sobre el ser, que en castellano es estar
también. Me parece-dice el poeta-que soy todas las cosas, / me vuelvo
transparente y dejo de existir/ como mi nombre (89). Sí, en este pan-existencialismo
que lo abarca todo, desde el árbol a la muerte, donde el cosmos se hace uno con
el yo, y éste se disuelve en el todo dando paso a un nosotros, a un estar de
distinta forma. Es este juego de pronombres el que hace preguntarse- al autor
que nos visita- si son estos pronombres
los que dicen, quién es o quienes somos. (87). En realidad, este chequeo
nos lleva hacia la luz donde lo que
importa es no jugar a ser dios “porque
eres-dice-, a los sumo, /nada más que
un suspiro intrascendente/ del aliento total del universo…” (77).
La
tercera parte, AMOR, TIEMPOS, PALABRAS, la única que lleva una dedicatoria ( A Julia) y con una cita de
José Ángel Valente, nos lleva a las
palabras, a las de siempre y que
forman poemas (93), a las páginas donde se encuentra el tú –querido-, un tú
al que el yo lírico le ruega que le explique “el silencio al que me obligo-comenta-, explícame este mar de hondo
vacío/ que no logro abarcar/ (…), explícame
los gestos (…)/ aclárame por qué hay
ciertas palabras / que no deben decirse
ni en voz baja (…), sé tú mi
pulso.” (97). En esta parte, donde parece que el dolor de la distancia con
el ser amado se acentúa, el poeta resuelve la trama secuencial con un
sentimiento que rememora tiempos mejores:
“He visto a las gaviotas sobrevolar el
agua/ y he invocado el mensaje de la botella/ que tiramos al mar hace algún
tiempo/ por encima del bosque de los elfos” (113). Magníficos versos donde
el imaginario conduce a una visión de la
infancia superada–por encima del
bosque de los elfos- que, encerrada en un mensaje, navega en el mar de lo
ideal. Ese mar, esa agua termina respondiendo que nada es lo que se cree. Y en este creer, el yo dirá que “no importa descubrir que nada es cierto”
(117). Y a pesar de todo, el poeta sigue diciendo: “puedo mover el cosmos con su abrazo (…) puedo fundir la nieve en su sonrisa (…) puedo deshacer las nubes con sus besos. Puedo escribir poemas con sus
manos y hasta comerme el mundo con su amor” (121). Una tercera parte donde
los miedos se superan.
En
la cuarta y última parte, VERSIONES DE LA NOCHE, es donde el
yo enfrenta la incertidumbre de lo
cierto y al hacerlo descubre que esto no acarrea problemas sino inquietud ante el día que vive o, incluso,
en el gesto mismo de la espera de un vuelo improbable. Sí, en este último tramo,
del poemario, se muestran ciertas figuraciones
de la noche, esas que pueden localizarse en algunos lugares, como en una
plaza, “mientras pasa el tiempo…/ al límite del sol de primavera”
(137). Con estos metarrelatos de la noche el yo lírico resuelve lo incierto subrayando
que continúa entre sus dudas y sus decisiones, para aclarar un día más (139) -no importa si es par o impar-
dispuesto a percibir lo que “permanece
callado” (141). Sí, preparado para resolver hasta los sueños del sueño,
esos que mueren “en cada despertar”
(145), o el preludio del propio sueño durmiendo
despacio y sin horarios. La noche es siempre el momento propicio para
profundizar, para deslizarse por la
levedad del silencio sin miedo, así lo anota el poeta, sin
embargo hay un revés es el no atreverse- así lo dice el yo literario- a mirarse en sus espejos. Y aquí, en
esta figuración de la noche, donde aparece el
alma (espejos) como una realidad que impone, es cuando se descubre la dificultad
de profundizar. Tal vez-dice el poeta- es eso mismo vivir y revivir: “aferrarse al profundo sufrimiento de las
horas oscuras (…) y reencontrar de nuevo la esperanza, / después de comprobar
que no hay necesidad/ de otras respuestas para sobrevivir” (157).A pesar de
todo, el yo literario, este que lleva de la mano por los vericuetos del
poemario dice que no espera nada
solamente la quietud…para “dormir al
fin, sin muerte y sin memoria” (167). Una afirmación que deja a su vez un
interrogante existencial. Porque la
propuesta no deja de ser una utopía que reclama el eterno vivir en continuo
presente “alimentado historias para
satisfacer/nuestra perplejidad de estar aquí” (165).
Termino.
Dije al comienzo que este poemario cuanta una historia, traza la trama de lo posible lanzando al
lector a los existenciales de: buscar lo
cierto entre lo incierto de los DIAS; a examinar
(segundo existencial), a un CHEQUEO DE LAS HORAS, sin miedos a lo que nos rodea
dejándonos atrapar por ello; a un encarar
(tercer existencial) el AMOR, TIEMPOS, PALABRAS; a un dejarse invadir por esas VERSIONES DE LA NOCHE, que hacen diferente
el modo de la existencia diaria.
Gracias
Julián por venir de tan lejos a compartir en lo cercano, esta creación fresca y
directa, una poesía desnuda-como dice
Blanca Sarasua-. Sí, tu poética no deja indiferente, porque- y en esto sigo la
opinión de nuestra amiga Teresa- este libro es una “metafísica de lo cotidiano”. Gracias.
domingo, 29 de enero de 2017
Dar y recibir. El final de una etapa.
El día 25 de enero, cumpliendo años, le dije hasta luego a este grupo de alumn@s que,en algunos momentos, me quitaron el sueño en el sentido de pensar como tenía que hacer para poderles ayudar más y mejor.
Sé que la vida les dará aquello que ell@s quieran y espero que sea lo mejor. Gracias a ell@s fue creciendo un poco cada día. Que todo no es dar, también los profesores, recibimos de nuestros alumnos.
Gracias a tod@s por estar, sin pretenderlo, en mi historia personal. No os echaré de menos porque siempre os tendré en mi memoria.
Suerte y sed vosotr@s mism@s.
La emoción del "hasta luego".
El viernes, una comida sorpresa, con este regalo de postre, me ha ratificado que mis compañeros del IES de Alconchel son grandes y los mejores. Desde el día 25 no han parado de regalarme y de tener gestos conmigo, de esos q no se olvidan. Vaya, desde estos lares telemático, mi agradecimiento público para cada uno de ellos.
La docencia, a veces difícil, se hace más agradable con compañeros como ellos. Nunca me cansaré de reconocer que son, humana y profesionalmente, los mejores. En estos tres últimos años he crecido, como persona, con ellos.
Gracias por tanto gesto de cariño. Gracias. Un día habrá un guiño para vosotros en algunos de mis versos, de momento sois parte de mi historia más íntima y personal.Gracias.
Calma.
Todo está en calma. Duermen hasta los gatos.
La mañana tiene el peso del nublado. Sobrevivo
en medio de todo mientras me dejó alimentar
por el eco de los silencios.
La calma es el borde del paraíso,
lo cercano que vive en mí, sin reconocerlo.
Los gatos siguen durmiendo. El nublado y su peso
me abren las puertas del silencio.
Los gatos a la sombra de la calma.
Y los silencios, estos silencios, en el fondo
de la gratuidad que alimenta los rincones
olvidados de los sueños.
jueves, 19 de enero de 2017
Cada día.
Cada día esta incertidumbre
de fronteras donde lo posible
no es el espacio de lo fácil.
Cada día el atrevimiento de mirar
con el riesgo de ver lo que no quiero,
el infierno con disfraz de lo mejor.
Cada día este incomodo sentir
lo provisional que borra
la huella del deseo.
Cada día, cada día este éxodo
que me recuerda quien soy,
alguien con la pretensión de ordenar
el universo de los sueños.
Cada día, cada día este éxodo
que me recuerda quien soy,
alguien con la pretensión de ordenar
el universo de los sueños.
Cada día.
cada día.
cada día.
.
domingo, 8 de enero de 2017
Despedir la Navidad.
Hoy, cuando estaba recogiendo los adornos navideños Rodrigo se despertó y acertó a despedirse del árbol de Navidad. Increíble la imaginación de los críos, en este caso de Rodrigo, capaces de hablar con los restos de lo que fue árbol de luz cada una de las noches de estos días de fiesta. Una lección para nosotros, tan preocupados de mil cosas hasta perder la sencillez de lo que fuimos.
lunes, 26 de diciembre de 2016
Días “raros”.
Hoy es un día raro, de esos que
no sabes qué hacer fuera de quitarte la
modorrez de la noche anterior. Sí, los días raros son esos días de fiestas
postizas en la que parece que el tiempo se para. Un día que no sabes qué hacer porque todo está
fuera de la rutina. Nos tendrían que enseñar cómo gestionar estos días “raros”.
Menos mal que los que tenemos duendes pequeños en casa el día “raro” se
convierte en un día especialmente cansón.
Y gracias al cansancio la vida recobra ese punto de humanidad que el día raro
aplana. Y si te dispones a salir mejor no hacerlo porque las calles vacías dan
una sensación de absoluta soledad, como si todo el mundo hubiera sido aducido
por extraterrestres. En realidad, no sé si me molestan los días raros, estos
que parecen estar fuera del tiempo. Me fastidia no entender la rareza del día pero
no todo hay que comprenderlo. Mejor dejar las cosas como están y sufrir lo raro
de un día que está cogido con pinzas.
Lunes, 26 de diciembre de 201626
martes, 6 de diciembre de 2016
La importancia de observar en Rodrigo Garrido.
No es fácil encontrar un poemario que exprese, en pocos versos, aspectos importantes sobre la vida y el tiempo. Sin embargo, el libro de Rodrigo Garrido Paniagua, La primera vez que vi un animal murto, editado por Difácil, lo consigue.
El
poemario es un conjunto muy bien formado.
Desde la portada se descubren notas de atención sobre lo bello y la vida. En
ella aparecen dos elementos, la ilustración y el título de la obra, que hacen
que el lector avisado pueda intuir la intencionalidad de esta creación de
Rodrigo Garrido. Desde este frontispicio se aprecia un diálogo entre lo eterno
y lo efímero, entre la vida y la muerte, donde la temporalidad juega un papel
importante.
Al
detenernos en el dibujo de José María García, observamos a King Kong en lo alto
del Empire State. Este obedece a unos versos del libro: “Su corazón late/ tan acelerado/ como una luz más de la ciudad.”
(pg.18). Un guiño al amor imposible, a
la derrota de la bestia ante la belleza deseada. Con esta imagen de portada, el
artista complementa lo que es el contenido del propio poemario. Por otro lado, el título La primera vez que vi un animal murto, sacado de unos versos de la
página 24, nos habla -como el dibujo de portada- de la sensación que se tiene
ante los retazos de la vida que se va.
Si
vamos del continente al contenido de la obra y nos adentramos en ella,
encontramos que en cada una de las cuatro partes en las que se divide, Rodrigo
Garrido marca un fragmento de una historia íntima, la del yo literario que
enfrenta la vida y el tiempo, como arriba indico.
El primer capítulo aborda la intimidad
del propio ser anotando el cómo PERDER
LA INTIMIDAD. En este bloque de poemas el yo literario lleva al lector profundizar
en lo atemporal y eterno ante el tiempo y la realidad (es) que perdemos. Esto
supone una pérdida de inocencia o de intimidad como el poeta dice: abrir los ojos/hacia dentro/ es perder la
intimidad. (pg. 11).
De
entrada, la intimidad se pierde cuando tomamos
conciencia del extrañarnos ante lo que nos rodea, esto que a veces es como
no querer saber lo que ocurre, como si se mirase en un espejo, donde basta con la imagen doblada de uno mismo (pg.
11). Por esto, el yo literario subraya: siempre
dudé pronunciar/ de mí lo real/ porque la palabra propia/ duele. Es así,
surge el dolor ante el temor de lo que no se acepta. Sin embargo, este temor se
amortigua cuando el poeta advierte que como
polvo en suspensión, descenderá/lento/ sobre lo escrito (pg. 13). Esta expresión
subraya la escritura como una forma de terapia que ayuda a sobreponerse del
disgusto provocado por la realidad descarnada. En este punto del poema, como en muchos otros,
el poeta juega con la estética de los
versos para hacer evidente ese descenso a la página en blanco donde la creación
da forma a esos trazos de pérdidas de intimidad.
Perder
la intimidad es, también, descubrir la variabilidad del yo, este yo
que afirma los espacios construidos para terminar diciendo que, al igual que un niño que señala / quisiera
volver a ignorar el verbo. (pg. 16). Junto a esto se anota lo efímero de lo
aparentemente sublime. Lo pasajero está en todo menos en la mirada porque “la belleza/ no se encuentra en lo observado”.
Un versos genial, este último, que separa -a modo platónico- la idea de
belleza de su correspondencia en el mundo aparente. Lo real es lo infinito y
ahí, en esta abstracción absoluta, el poeta trasmite la sensación de estar a salvo
de la muerte. Así, en ese espacio de lo bello es donde el yo literario se
siente “un hombre que sueña/ con algo
inalcanzable/ y que duele” (pg.18). Duele porque fenece.
A
propósito del morir importa la pregunta que el poeta se hace a modo de incipiente
reflexión: ¿será la perdida /lo que me
impide afrontar/ la visión de lo inerte? Porque lo que no se mueve, el vacío, es una
realidad de la que se huye. No hay dudas,
es en la búsqueda de lo eterno donde el yo se encuentra con lo efímero,
con el espacio que no le corresponde y rechaza y que ineludiblemente tiene que
aceptar. Aun así, “se olvidan momentos
trascendentales/ como si con ello aplazáramos un veredicto” (pg. 24).
El
segundo capítulo, PRONUNCIAR LO QUE SE
TEME, es una continuación temática del primero. Este comienza con una confesión valiente hecha
por el propio poeta diciendo no saber todo y especialmente de “la escena que nos acompañará a la muerte”
(pg. 27). Esta incapacidad es la que le lleve a la actitud creadora que –aunque
tarde- le hace disfrutar de los días felices y con esa actitud positiva comenta
“uso aquí los versos// anticipo el
instante,/ fantaseo con la posibilidad poética de contener el infinito”.
(ibd.) Otra vez la preocupación de agarrarse a lo eterno como la condición sin
la cual es difícil seguir.
Hay
que hacer girar la vida, “en sentido
contrario al de las nubes” y atreverse a observar “la secreta profundidad del hombre” y preguntarse aunque este hecho
suponga un peso (pg. 29). Preguntar es
pronunciar, evidenciar, acercar el tiempo. El poeta se reconoce “tiempo en minúsculas” y es a través de
esto como se advierte el vértigo y la prisa a la que intenta darle sentido (pg.
30).
En
esta línea temática de la temporalidad el poeta construye dos metarrelatos el
de la vida y el de la muerte.
La
vida es asimilada a la felicidad diciendo que el ser humano, desea la felicidad –continua- su plenitud hay que buscarla (pg. 31). Esa felicidad de la carne,
que en versos finales, dirá el poeta, “apenas nos roza con sus labios inocentes”
(pg. 64). Junto a lo vital deseado aparece el temor a perderlo, y esto mismo
que nos hace infelices hay que pronunciarlo, por ello-dice el poeta- que “toda nuestra herencia / se reduce a esta
sala de espera/ en la que enumerar motivos para la vida” (ibd.). Enumerar
es pronunciar de forma exhaustiva.
En
el reverso de la misma moneda la muerte,
una realidad presente en todo
momento y de la que el poeta dice “que, /… / siempre estuvo a la misma
distancia” (pg. 32). Con este hecho de la muerte se vuelve el temor de la
fragilidad. Para evitar que esta levedad del ser haga daño hay que pronunciarla, porque al verbalizar el
dolor el ser torna conciencia de él y lo
acepta como parte de sí mismo. El autor dirá, constatando este hecho: “NOS
ABRAZA LA ENFERMEDAD/ COMO UN BOSQUE AMARILLO. A pesar de todo, seguirá
reflexionando, “me cuesta aceptar que la
muerte/ sea nuestra invitada a cada paso” (pg. 34). Magnifico guiño al tempus fugit de los clásicos (Virgilio).
Estas expresiones son cuestionadas al decir: “¿cómo
ganar el tiempo?/ ¿Cómo estrenar la ciudad cada día?”.
Escribir
sobre la vida y la muerte no es más que hacer hincapié sobre el
hecho mismo del existir. Basta mirar los poemas finales de esta segunda
parte para comprobarlo. Un existir ante
el que se tiembla. Merece leer estos versos que nos vuelven a retrotraer a
los clásicos:
Es lo
excepcional,
la vida,
un paréntesis
caprichoso
que nos salva
brevemente.
del largo anonimato de la ausencia (pg. 37).
Pensar la existencia es también
una forma de pronunciarla, de hacerla evidente sabiendo de su levedad porque “pensar en la existencia/ provoca un vértigo de gloria en ruinas”
(pg.39)
El
tercer capítulo. PATRIMONIO EN LLAMAS,
se abre con un poema que subraya aquellos lugares donde la emoción crece como
un lenguaje diferente, y hace llorar. Espacios que, como dice el poeta, nos
escogieron: “yo nunca elegí/ ser hijo de
estas fronteras/pero la costumbre/nos hace amar un tiempo y un espacio.”
(pg. 43). Este patrimonio es la propia
memoria que el poeta explana en los versos tomando ahora, como metarrelato, los cuadros de Hopper, el pintor del silencio
y de la soledad. “Espacios donde llegar a pensar el tiempo”, porque “en los cuadros de Hopper/ permanece el
tiempo.” Interesante como el poeta indica que es el tiempo de lo vivido, de
la memoria, de la que se siente culpable.
Esta memoria (tiempo pasado), su peso-dice- “me hará mirar, / cada vez más y más/ hacia abajo” (pg. 53). La
memoria, el tiempo recordado lo siente arder, consumirse con la expresión
“hacia abajo”.
Por
otro lado, el poeta es consciente que la memoria, se consuma o no, arda o
permanezca incólume es algo connatural al ser humano. Este no pierde la costumbre
de mirar hacia atrás haciéndose consciente que “no es basura/ aquello que persiste en la memoria”, “hermosos tiempos vencidos /donde una vez
fuimos dioses para siempre” (pg. 54).
La memoria como tiempo vivido es protagonista
de la mayoría de los versos de esta tercera parte. Tiempo-memoria- que remiten
al deseo imaginado:
“acuden/ para envejecer, /tiempos que uno
siempre duda haber vivido” (pg.49). Tiempo y vida: “El tiempo no solo habita en el interior de los bosques/ escribí una vez”
(pg. 53).
En el centro de
esta preocupación por los elementos
espacio-temporales el poeta coloca una nota característica del ser humano en
evolución como es la de observar: “quisiera
haber sido, / por ejemplo, /un mirlo que observa el mundo” (pg-.45). Este
hecho de la observación es lo que provoca la extrañeza en los versos del primer
capítulo.
Se cierra este apartado del tiempo y la memoria
con unos versos elocuentes que merecen
ser traídos a estas líneas:
Envejecemos a cada golpe de
palabra
porque
la
palabra es el fuego
que consume la misma realidad
que crea.
Aunque se ignoren
de
los espejos
sus zarpazos,
un temblor de humo permanece:
Todo lo que arranqué para mi
memoria
(pg.
56)
Hay
que aplaudir estos versos finales porque,
cada uno de ellos, nos lleva al centro
de la existencia misma, a la memoria de lo que uno es, a ese
existir que nos hace conscientes de la fragilidad y como se apunta en el capítulo anterior, “provoca un vértigo de gloria en ruina” (pg. 39).
El
último capítulo, TODO LO QUE VEO ME
SOBREVIVIRÁ, completa este diálogo
vida-tiempo que el poeta ha ido entrelazando en la emoción de los
versos. La vida como el soporte y el tiempo como el genio que la transforma.
En
el primer poema el yo literario aparece como un yo solidario que comparte
intervalos especiales y diferentes con los demás. “No lo sabíamos / pero habíamos de coincidir/ todos/ en este preciso
intervalo” (pg. 60). Un yo que tratará de observar, de ver cosas con
apariencia simple, intrascendente: Una piel de naranja sobre el asfalto gris, porque
este “puede ser un fragmento/ de
atardecer precoz/ // pero también /un ala/incendiada de Ícaro” (pg.62); O
una inocente miga de pan, porque esta puede hacernos descubrir “primero, /la oscura inmediatez/// y
rápidamente la prisa en cada paso” (pg.63).
Otra
vez se vuelve a insistir en la temporalidad al decir: atardecer precoz, la prisa en cada paso, marcando el momento de la
observación. En los versos finales el
poeta volverá a las consideraciones clásicas del tempus fugit, diciendo que “el
tiempo es un amante rápido y descorazonador” (pg. 64); u otros versos en
los que se subraya “que lo fugaz que nos
habita sea la vida apetecible”. (pg. 67).
En
este contexto el yo literario apunta a un estado de coherencia y de honestidad
vital en LO QUE ME QUEDA DE VIDA, dice:
La paciencia
conque la gravead
vence a las manzanas,
y dentro de mí
ese impulso desconocido
que me hace huir
y huir
de todo aquello que se pudre. (pg. 66)
Mirada,
observación, y tiempo se mezclan ante “ese
instante oscuro/ y para siempre,/ algo irrepetible/ que lastime lo enfermo de
la vida” (pg.69). Porque, dice el poeta, “mis ojos observan / su
porción de mundo/ convencidos de lo excepcional, // como si la vida dependiera
de un descuido” (ibíd.)
Terminará
esta última parte con imágenes que hablan de la vida y que a su vez nos llevan al símbolo de lo materno: así, la luna, que dice “está llena / de la esperanza del náufrago” (pg. 70); o la imagen de
los pecho, que muerde “para ser inmortal” (pg.71) Esta última
imagen recuerdan las pinturas renacentistas de la galactofusa –de la madre
nutricional, acentuando la vida. Sobre esta última el poeta volverá con unos
versos que hablan de la vía láctea cuando expresa: “de los senos del cielo/ brota/ una galaxia blanca” (ibid.).
Esta
vida diseñada entre versos el poeta termina de dibujándola como una realidad
que lleva a emocionar cuando se es consciente de tenerla y de apreciarla por
encima de la muerte. Tan es así que ante esta vida-efímera pero real- el yo
grita “como si fuera el único habitante
de la Tierra” hasta romper “el silencio” (pg.75).
Maravilloso
recorrido, el de este poemario, por los entresijos del ser humano. Versos que
emocionan y que hay que releer como el que retiene en la boca el sabor de una
buena comida. Poemas que enganchan y hacen que el lector se sienta identificado
con lo que se expresa porque hablan de la condición propio del ser: la vida, la
muerte, la memoria, y el tiempo que
pasa.
viernes, 25 de noviembre de 2016
martes, 1 de noviembre de 2016
Nuevo acontecer de situaciones.
Hace unos meses has
comenzado a despertar a las manías del sistema, a las madrugadas infames que
desvelan tu sueño de duendes y aventuras. Te resistes y haces que nos preguntemos ante este dejar que
todo esto suceda como si fuera lo mejor.
Caminas a trompicones en esta selva
del asfalto para alcanzar otros espacios que hemos elegido por ti. Lloras y ríes
sin saber por qué dejando una estela de amarga situación. Y entre idas y
venidas, entre preguntas sin respuestas, vemos el cambio frente a ese no querer
domesticar tus impulsos, una la lucha ante el sí que te saca de tus nos. Qué difícil
es pensar por los tres, al mismo tiempo; por ti para que aceptes la “orden” y por nosotros en la
tremenda seguridad de darla.
Pasan los días en este nuevo acontecer de
situaciones diferentes, de emociones contenidas, de deseos prematuros, de
navidades por venir, de nuevas palabras que aprendes para comunicar tu firme
deseo de decir quién eres en ese espacio propio donde tú te sientes crecer aprendiendo
a saber expresarlo.
domingo, 23 de octubre de 2016
LA LIBERTAD DEL VERSO
4
Ahora, no hay negro o blanco sino el color del verso, que brota en cada rincón de esos sigilos agónicos, en cada espacio vacío, en cada espera. Sí, ahora hay voces, no ruidos, en esta sinfonía donde vivir aparenta ser un presente de horizontes, más que de fronteras. Estoy aquí, intentando aprender lo necesario para no encerrar el verso en un impenitente siempre-volver.
PODAR VERSOS
3
La música de un verso es la emoción contenida del poeta después de haber podado parte de sus palabras. ¿Por qué estremecerse al cortar las ramas del primer poema? En ese menos es donde se revela el equilibrio de la estrofa, donde crece la armonía capaz de establecer un diálogo mágico con quien la lee.
COMO EL OLIVO EL POEMA.
2
Como el olivo, un buen poema resiste los embates del tiempo, mantiene su alma por encima de las estructuras, deja que quien lo contemple se vuelva más compasivo más allá de cualquier egoísmo absurdo. Como las hojas del olivo, los versos de ese poema se vuelven ancianos manteniendo su juventud, capaz de emocionar con sus palabras a quien tiene el valor de pararse a leerlo. Como el olivo, así el poema,y sus versos se trasplantan en el ánima de quien supo releerlo.
lunes, 5 de septiembre de 2016
Agradecida por la sensación de paz.
A mediados de agosto recibía una carta de María Blázquez, gran escritora y
mejor amiga. En la carta, que transcribo
en su totalidad, me expresa su opinión sobre el reciente poemario El
nombre secreto del agua, editado por Vitruvio.
Agradezco estas palabras que, viniendo de alguien tan exigente como María, hacen
que siga en este empeño de ordenar vocablos y formar versos.
Quiero compartir estas palabras en este espacio de HABITÁCULOS donde, de
vez en cuando, dejo aquello que pueda interesar y, sobre todo, ayudar.
No sé cuántos lectores ha leído el poemario, pienso que muchos; pues bien, si
alguno quiere compartir su opinión sobre él agradecido de recibirlo.
Querido Tino, ya he
leído “El nombre secreto del agua”.
No sé cuál será su nombre, pero el color de tu libro es el verde; verde y
transparente en todas sus hojas, sus poemas, en cada verso, o verde o
transparente.
Me ha gustado, he terminado de leerlo agradecida por la
sensación de paz que me iban regalando los versos y esa forma en la que los
has escrito. La estructura me ha encantado, girando en torno a esa maravillosa
cita de Heráclito. Se distingue perfectamente el alma de cada parte: Todo fluye/ todo cambia/ nada permanece. Quizá
sea la primera parte la que más me ha
gustado, supongo que por el sosiego que me ha transmitido.
Dentro de guardar tu
esencia tan espiritual, me ha mostrado una
poesía cercana, un yo poético sereno, maduro, que contempla la vida (ese
agua, esos ríos...) desde esa paz de la que te hablaba antes. El lector lo
agradece, pues le haces partícipe de ella.
He subrayado numerosos
versos que me han resultado especialmente evocadores, te pongo algún ejemplo:
“Nunca tuve tan cerca los muros de esta casa
de mi cuerpo (...) Nunca, como ahora,
me fue tan tierna el agua.”
“Inmensa, esta serenidad que mana.”
“...este vértigo de la luz que viste las formas de mi ser/”
“Espero, siempre espero,
en el quicio de lo posible...”
Es difícil transmitir
todo por este medio, lo mejor es el bis a bis, pero, como es complicado, no
quería dejar de expresarte, al menos de esta forma, mis sensaciones tras la
lectura de tu poemario.
Enhorabuena, amigo mío. Disfruta de tu obra, de la ternura del agua
y de su serenidad.
Un abrazo fuerte.
lunes, 29 de agosto de 2016
Vivir cediendo para crecer.
Era de noche cuando dejó el chupe al raso de la terraza, de noche y sin luna.
Quiso que el quitamiedos, al que se agarraba mientras dormía,
desapareciera de su vida. Ya eres mayor, le repetíamos mientras,
con indecisión, colocaba el chupete en un recipiente de la mesa del balcón.
Estaba medio convencido que el chupete tenía que volver con sus papás-chupetes en
la luna; un cuento mágico que estaba haciendo su impacto en el centro de sus
emociones. Y se fue a dormir mirando para atrás, por si acaso no sucedía el
viaje lunar. Vino después la mañana, y comprobó que no estaba, en la terraza, ese
tesoro preciado que había dejado con
cierto dolor. Sin lugar a dudas, era su primer arranque de generosidad, su
puesta de largo en esto de vivir cediendo para crecer. Al mediodía le llegó un
mensaje, sobre una cartulina naranja y una estrella-lazo de color rojo: Gracias
Rodrigo- decía- por devolvernos a nuestro peque. Mientras
le leíamos la misiva nos miró sin preguntar por ese resto de bebé que tanto apreció. Ya
era mayor y así lo hizo saber a media humanidad.
viernes, 5 de agosto de 2016
Creces.
En medio de este mes
de agosto, a punto de cumplir tus tres años, te veo crecer.
Creces, hasta en tu forma de decir. Escuchas y repites lo
que entiendes, como si el mundo se resumiera en esas palabras.
Creces, sí y
aunque no sabes de lo ancho o lo profundo, sí de lo que quieres hacer solo; sin
ayuda de nadie. La independencia, tu medio de expresión, rompe con cualquier
paternalismo estúpido que nos exige.
Creces,
con esa normalidad de los niños de tu edad. Te levantas exigiendo el
abrazo, te acuestas arropado en él. Al enfado le sigue la risa y a la risa la
broma. No sabes manejar los imperativos mezclados con un –“por favor”- interesado.
No tienes penas, aunque llores pretendiendo conseguir el capricho del momento que nos hace preguntarnos por los nuestros.
Creces y apuntas maneras de mando. Difícil
conseguir tu favor si la orden se te impone; saltas con la tozudez de un animal, hasta quebrar las
normas establecidas. Llegarás a comprender que mandar se manda obedeciendo a lo
mejor para los otros. No te falta corazón para aprender esta medida solidaria
de saber estar con todos.
Creces y
nos haces crecer a la par. Eres un espejo donde mirarnos y descubrir errores y
aciertos, multiplicados en tu forma de actuar que nos hace
seguir, aprendiendo desde cero.
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