viernes, 26 de octubre de 2018

La levedad del barro




LENTO se despierta el día. 
La luz besa las paredes, 
rompe la guadaña de las sombras. 
En este acoso de grises y perezas, 
los recuerdos se amontonan 
envueltos con sonidos callejeros.

El silencio de las manos esconde al verbo.

Las sonrisas no llegan y el verso 
golpea el vacío de mi vida. 
Todo se repite con la mecánica de la prisa. 
El secreto marca el conflicto de los cuerpos.

¡Hay tanta ausencia!

Libros desplegados; un punto rojo 
en los sábados de octubre; 
recordatorios de visitas; marcas 
en las hojas pares de un libro. 
Des-orden; un jardín inglés.

No hay dentro ni fuera.

La carne reclama 
el suicido de las formas, 
el comienzo de otra secuencia. 
Abandono el apresto falso 
de ir sin saber a dónde.








DUELE el parto de lo infinito 
en este límite ingrávido 
del alma.

La memoria juega a regresar a la nada.

El deseo retoma el color 
en la piel de la vida. 
Solo, en esta lucha. Solo 
con el anhelo de alcanzar el silencio 
de aquello que no se nombra.

Cómo parar esta inercia sin sentido.

( De Rehacer el alba, Vitruvio, Madrid. 2018, pág. 25 ss.)







lunes, 22 de octubre de 2018

Desaparezco.




Desaparezco en este espacio de luz 
donde te pienso...Negro, no es el vacío,
es la espera del color que abarca 
todos los colores.



domingo, 21 de octubre de 2018

Paradoja existencial.


El espacio del olor y el sonido, "el aquí" donde la mirada se dilata en el vacío de las formas...Esta era mi reflexión primera. Después ha venido la otra, cuando el sosiego, una vez en casa, ha entrado en acción y he vuelto a mirar las fotos. Al volverlas a ver, he pensado que este instante ha sido como estar en un punto de partida, iniciando la carrera después de haberla terminado.




La puesta de sol sobre el Guadiana me parece un "siempre comenzar". En realidad la luz no se va, aunque para mi termine, ésta permanece. Es el símil perfecto para pensar en la esperanza, como una luz que está en el punto opuesto de donde se perdió, pero está. Por otro lado, es la paradoja existencial más tremenda porque este mirar la tarde se convierte en reflejo de un morir y vivir en el instante, sin tiempo.



viernes, 12 de octubre de 2018

Presencias.



LA CLARIDAD respira bajo los toldos. Me asombra cómo los ruidos ceden su lugar a la calma, el ímpetu al sosiego. Jasón traza existencias en este intermedio del día. No hay naufragios sino restos de él. La tranquilidad de las formas se suspende en una espesa luminaria que lo envuelve todo. No hay miradas de horizontes, todo se contiene en mí, caja de Pandora, quemando las desganas del mediodía. En el aire, una especie de derrota que anula el sabor del deseo. Solo la luz salva el color de las cosas dejándolas existir sin adjetivos. Y en todo esto, siento que no me pertenezco y que nada está perdido.

A CLARIDADE respira sob os toldos. Espanta-me como os ruídos dão lugar à calma, o ímpeto ao sosego. Jason desenha as existências neste meio do dia. Não há naufrágios, mas restos dele. A tranquilidade das formas é suspensa em uma luminária grossa que envolve tudo. Não há olhares de horizontes, tudo está contido em mim, caixa de Pandora, queimando a relutância do meio-dia. No ar, uma espécie de derrota que anula o gosto do desejo. Apenas a luz salva a cor das coisas, permitindo que elas existam sem adjetivos. E em tudo isso, sinto que não me pertenço e que nada está perdido.



( De Trazando presencias. [Otras notas.]

lunes, 8 de octubre de 2018

SONIDOS EN EL TRASTERO




                        Bajo al cuarto de los trastos viejos.

He abierto la puerta del trastero.
Encuentro el olor del abandono,
fragmentos del recuerdo
embalados en cajas de cartón...

Cuánta indiferencia guardan estos muros.
Cuánto agridulce de tardes nubladas,
junto a los agobios de otras primaveras,
mezclados, sin misericordia,

con la prisa de las mañanas.


He cerrado la puerta  hasta sepultar el pasado
en la húmeda oscuridad del cuarto
de los trastos viejos.

En el último instante
quise atrapar
el sonido de la quimera. Pegué el oído
a la puerta. Sólo escuché el latido
del corazón sobre la plancha metálica

y el suave rumor de la bomba del agua.



REFLEXIÓN a propósito del poema

LAS ANTÍPODAS. NOTA 2


            Bajar al trastero es directamente proporcional al lugar donde habito. Las antípodas son el paralelo perfecto para recordar la redondez del equilibrio. Es como bajar a los lugares estrechos de la memoria en un acto de modestia que las ansias de vivir no siempre te permiten. Cuánto tiempo se tarda en reconocer que el cuerpo se hace nada en el descenso. Se deshace. Porque bajar supone abrir la puerta que no se quiere y la carne te reclama y el espíritu se rebela. Cuánto abandono se puede descubrir en ese punto interior, oscuro con el que no quiero toparme. No hay misericordia en estos encuentros. No es fácil abrir la puerta de este trastero que almacena la sombra de lo que soy. Qué rápido late el corazón cuando te acercas al punto cero. Porque la agonía de saberte es la angustia de morirte en cada espacio afirmado. 
                Y al bajar se abre la puerta con miedo, como esa que tenía aquel preso que olvidó el color  del  cielo. Cuántos trasteros esperando abrirse, cuántos por cerrar. Los sonidos se acumulan en una extraña sinfonía. Sonidos del tiempo, de todas las tardes que tienen nombre y se esconden y se confunde con el motor del agua, o con los perros callejeros. Bajar no es una aventura es el movimiento de los graves que buscan su centro, el punto negro, que después se olvida. Porque las tardes tienen ese sentido pasajero que terminan por dejar tu perfume prendido en el revés de las manos. 
                   Bajar a este o a cualquier trastero con la lentitud líquida de los minutos que permita el cálculo exacto de las distancias que median entre los ojos y los dedos, entre la palabra y la cara oculta de la luna.



jueves, 4 de octubre de 2018

sombras.






De vez en cuando, descubro señales en las sombras.
Un mínimo de luz, capaz de desvelar el punto de misterio.
Señales que me hablan de ti,de las mentiras del tiempo,
de la inquietud abortada, de los deseos, de la ilusión,
de los cansancios, del perdón. Te busco.
Cuando creo descubrirte
desapareces en las sombras. Y te sueño
en el leve resplandor de este instante.

LA BÚSQUEDA

La imagen puede contener: cielo, nubes, exterior y naturaleza

LA BÚSQUEDA es un encuentro en el vacío.
Hay tanta desdicha en el camino. 
Tengo miedo a rozar el hartazgo del vencido; 
temor a los que venden sus manos
a cambio de una caricia. 
Desconfío de los mansos 
y sus protestas. Alzan la voz. 
La injusticia continúa.

                           Duele la miseria.


Cuando la vida huye de lo simple 
y baña el ánimo de miedo, 
todo se vuelve extraño al ser. 
Las voces resultan ajenas.

                           Duele el coraje al ritmo de cada otoño .

No quiero esconder bajo al barro 
la gravedad de los sueños. Quiero vivir 
sin forzar los silencios,  dejar a la palabra 
su razón y a los impulsos, su momento.

                            Duele la carne en este naufragio de vivos.

En el espacio breve de los días, cansa responder 
al eco de los muros, a los discursos de siempre, 
a la lucha inútil de ser perfecto, al ego sin mácula,
a la estupidez del orgullo, a la soberbia de saber.

                             Duele este ser de alas rotas. Duele amar.


ES DIFÍCIL mantener el rumbo
cuando los ojos se abren
a la inquietud sin adjetivos
y a la súplica, sin máscaras.

(Movimiento de lo absurdo. p. 55/56)

martes, 2 de octubre de 2018

Todo fluye




















Todo fluye en medio de esta  confusión de las horas / mientras  la vida deambula  en ese horizonte donde aflora, leve, la agilidad de  los días. Todo se vuelve  lucha de contrarios/ en corriente  suave e  impetuosa a un tiempo. Todo fluye en esta gravedad transparente y desnuda / de la vida, donde primero fue el agua.

 ( En Todo fluye (I) pg. 21)

lunes, 1 de octubre de 2018

Tu memoria sigue viva en mí.





NO SÉ cuántos días, años, han pasado desde la última vez que cogí tu mano, madre. No sé cuánto tiempo hace que te miraba, mientras dormías, en aquella habitación, la 112 del hospital. Sé lo que te dije mientras acariciaba tu mano. Recé contigo, como a ti te gustaba rezar. Por un momento, sentí volver a mi manera de ser creyente. No pronuncié palabra tan solo repetía de memoria la oración de siempre.
Te pedí perdón, por las palabras que nunca te dije y por todos los abrazos que no te di. Sé que me perdonaste, como otras veces hiciste. Para ti, todo lo que hacía estaba bien hecho, nunca una pregunta, ni por curiosidad. Siempre había una disculpa, un estar por encima de los enfrentamientos.  

Mamá, el gesto de rozar tus mano me hizo recordar las veces que ellas me cuidaron cuando lo necesité, eran las mismas manos que zurcieron mi ropa. En esos momentos, mientras acariciaba tu piel surcada de heridas, repasé todos los síes y los “está bueno” que me decías. 

Cuanto amor en tu manera de ser. Siempre en un segundo plano, coqueta y con tus abalorios, pero sin destacar. Tardará mucho tiempo para que se me borre la impresión de  esos últimos momentos, a tu lado. Intuía que eran los de una irremediable adiós. Ya no había vuelta atrás. 

Gracias madre por enseñarme el lado positivo de la vida. Tu memoria sigue viva en mí, haciéndome mejor.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Soledad



Solo el remanso de esta soledad, solo él, 
me cuenta historias sin héroes ni princesas. 
Un  tiempo sin encuentros que habla 
de abrazos que no fueron; del silencio 
de la  creación;  de una tierra que me invade.

Soledad, continente de brisa 
que me insinúa el afán de otro universo
que juega a ser cielo. 

Aladas historias que desvelan 
otros paisajes, sin héroes ni princesas, 
en este fluir de agua y amapolas.


( III Nada permanece. pg. 53)

martes, 25 de septiembre de 2018

Estoy...

           
   

                                                                                                                Punto de fuga,    
                                                                                                                un punto impropio, 
                                                                                                                situado en el infinito. 

Estoy donde la inercia del orden
tiene forma de nube y el horizonte
se mezcla con la piel del agua
y el infinito, con el límite de los sueños.

             Como un punto, soy tierra que huye, soledad  
             que reclama el grito del oeste. 

Estoy ahí, ante este universo que cambia
bajo ese nudo del aire que limita las orillas
de los ojos.

               Un punto, donde mi alma contempla 
              la inmensidad de la mañana 

Estoy
donde el color no es agua 
ni tierra, sino tiempo
en los labios del alma.

           Un punto, hecho silencio 
            en el vértice de mi ser. 



domingo, 23 de septiembre de 2018

Territorios habituales


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Siempre volvemos a los territorios habituales, a los monstruos de costumbres, volvemos 
a los gestos, a todo aquello que nos hace conscientes que no somos más que animales 
con deseos, bípedos caprichosos, que crecen en la rutina buscando sonrisas por los rincones.

sábado, 22 de septiembre de 2018

La caricia en el verso


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Cuando el halago de la luz me deja desnudo frente a la frontera del espejo y el tacto se vuelve orgasmo que disuelve los fantasmas del miedo y la vergüenza es una aventura a derribar, los labios permanecen mudos saboreando el suspiro del placer. En este momento, cuando la carne se aferra al hilo mágico que dibuja abrazos, ríos, que desembocan en el oculto mar de los deseos, en este minuto, siento derramarse la caricia de tus versos  por el vértice erecto del instinto, ese lugar donde el paraíso mantiene su huella. 

En este punto de ida y vuelta, mañana de septiembre, mientras paso las manos por las plantas  y el incienso me deja su rastro en la piel, en este preciso instante, con las horas colgadas y la prisa de la compra en los bolsillos, todo me resulta solemne y extraño.

Olor de mañana



Trae la mañana un olor agridulce mezcla de cansancios y asfalto. Los silencios flotan, van y vienen, desorientados, por los rincones. Camino despacio alerta al movimiento de las sombras y a esos hedores que invaden la calle. Olor, silencio, sombras, mensajes invisibles que intento leer en la endeble línea de un verso. Es sábado, tú nombre flota en el espacio hasta desaparecer en este laberinto de olores y gestos.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mirar, retomando la tarde


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Aprendí a mirar, con cierta sinceridad, junto al lecho de muerte de mi padre. Sí, comencé a ver desde sus ojos la realidad más sencilla, la que se nos escapa porque no interesa y duele. En aquel momento, mi padre me miró sabiendo que no había derrotas sino la vida en cada presente plantado. Fui  consciente del cifrado signo que contenía aquella mirada. A pesar de todo, me cuesta mirar, aceptado, las rebeldías que no sucedieron y la injusticia que permanece, como una herida en el camino. Por esto, ahora, retomo la tarde, ese punto de vigilia que anhela otro día, ese sello de agua que arrastra silencios, atreviéndome a mirar la esquina que nadie quiere, la realidad de la que, a veces  huyo hasta arderme el alma, la mentira que guardo en el baúl de las verdades privadas. Y en  esta unción de soledad que algunas miradas tienen, salto por encima de  torcidos pensamientos que intentan abatirme sin lograrlo. Sí, miro la historia de todos los cansancios, de las alegrías irredentas, hasta hundirme en la llaga del poema que deja sencillos versos entre las páginas de cada instante.

* Las cursivas son versos de Las siete vidas del gato. Imcrea. Badajoz. 2009

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martes, 18 de septiembre de 2018

Sueño, imposible dejar de soñar.


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SUEÑO gestos imposibles mientras el hombre sigue siendo “un lobo para el hombre”. Sueño utopías, desde mi pacifico espacio dando color y palabras a la guerra. Sueño un mundo lejos del sueño del pobre, del desheredado que habita las fronteras de la vergüenza, en la tierra de los hartos. Sueño otra forma mejor de vivir, sin reparar en el sueño de los que sufren la miseria.  Y así, me avergüenza soñar.

Sueño sin saber escribir el mejor poema, ese que denuncie lo injusto y quiebre el cinismo y la estupidez humana. Sueño absurdos versos que no dicen nada y pretenden decirlo todo. Sueño con metáforas que disimulan el miedo; con verbos en complejos endecasílabos que no son más que garabatos de papel. Descubro que no sé soñar.

Sueño, y no salvo el hastío y la mentira. Sueño, y no alivio este árido paisaje del dolor. Sueño, pobre ilusión,  incapaz de salir de este cínico infierno de la rutina. Sueño, imposible no soñar.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Diez motivos para creer y no es un decálogo.




Creo en el ser humano a pesar de la maldad que anida en lo profundo de él;  en su inocencia a punto de despertar al saber de las cosas; en su bondad no-narcisista capaz de perdonar lo peor. 
Creo en la utopía, escrita en el alma humana que empuja a lo excelente más allá de la mezquindad egoísta que inventa conflictos.  
Creo en los gestos que preceden a las palabras; en la palabra sincera que, como fuego, despeja la mentira; y en el silencio oportuno que aquieta la razón.

Creo en este barro del que estoy hecho y desde donde crezco; en la fragilidad que me despierta a la fortaleza en medio de las contradicciones. 
Creo en la valentía de  empezar desde cero por encima de los engaños, las pérdidas y el infierno de algunos momentos. 
Creo firmemente en la carrera que me ha tocado vivir donde siempre gano al aceptar perder.

Creo en el ser que no aspira más que a lo humano, a ese misterio envuelto de paradojas donde cohabitan las torpezas y los aciertos, la oscuridad y luz. 
Creo en lo imperfecto y finito que moldea este cuerpo de dios menor del que estoy hecho. 
Creo que soy más amante que héroe y aprendo del fracaso. 
Creo en mí y ya es bastante.

Hace cinco años

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Hace cinco años que Rodrigo comenzó a respirar este aire de los mortales y apretó las manos en un manoteo convulso hasta arañar el espacio extraño que le acogía. 
Hace cinco años que comencé a girar, como un satélite maduro, alrededor de esta criatura con pensamiento propio ; que empecé a creer, de otra forma, en los sueños y pensar que es posible hacerlos realidad junto a este ser que crece y aprende, ama y llora, se enfada, ríe y, como un Adán primigenio, nombra las cosas que le rodean haciéndolas existir. 

Hace cinco años que el pulso vital de mi mujer marcaba la cuenta atrás y Rodrigo se hizo notar entre dolores en una madrugada sin fin. 
Hace cinco años, cuánto he aprendido al lado de Rodrigo que lo pregunta todo, que reclama cada vez más en este mar infinito del saber que no se sabe nada. 

Hace cinco años que escribo esta página maravillosa de mi vida donde me acostumbro a pronunciar un nosotros que me hace distinto, y mirar el horizonte con la confianza de saber que siempre amanece.

sábado, 15 de septiembre de 2018

La vida

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La vida, un camino mezcla de memorias, desaciertos y ganas de seguir. Sólo la certeza de lo sencillo, de la verdad, que escapa de insinuaciones maldicientes, empuja a mirar el horizonte aunque la nada esté ahí, al acecho No importan las heridas, el tiempo las cura. La vida, merece la pena vivirla desde el silencio interior donde toda turbulencia se apacigua.

Existo




Existo, consciente de este paisaje íntimo  que frágil, como una onda en el agua, varía en cada instante por encima de miradas acusadoras, de muertes, de desganas. Existo a pesar de las huidas y los desencuentros, de las omisiones y las medias verdades que otros vierten sobre mí. Existo con la euforia de quien se sabe frágil y sigue vivo, cada segundo, como si fuera el último, apretando las cenizas de los pasados mientras intento construir trozos de esperanza. Existo, así, admitiendo la finitud de los momentos al saborear la utopía del infinito.

MIS VISITAS AL MUNDO

MIS VISITAS AL MUNDO
Tiene Lisboa sonidos de agosto